Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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21-11-2017 11:51:35

Un libro que se vendió

Patricia Chavero

  

La década de los 90 en nuestro país marca el arribo de la cultura y el arte como sector emergente de la nueva economía; instalados plenamente en un modelo político económico llamado “liberalismo social”, se rompe –o eso se planteaba- con un modelo en la producción cultural y artística en donde sobresalía la presencia del Estado.

 

 En el contexto mundial, particularmente en economías desarrolladas, “…el creciente grado de desarrollo y bienestar social, el incremento en la renta disponible, la disponibilidad del tiempo libre, el desarrollo de la sociedad de la información y nuevas tecnologías, alteran la base tradicional de los hábitos de consumo más allá de la satisfacción de las necesidades básicas o primarias, permitiendo el acceso de los ciudadanos al consumo de actividades culturales y de ocio.”[1]

 

En la configuración del campo, como se aprecia en la cita “cultura y ocio”, pasamos de una visión reducida de la organización del sector cultura y artes que comprendía las artes escénicas (teatro, música, ópera y danza), las artes visuales (galerías y museos), bibliotecas, monumentos y sitios históricos; a una visión amplia a la que se van a integrar a las antes mencionadas, las industrias culturales (cinematografía, música y sonido, edición, artesanías) y los medios de comunicación (radio, televisión, prensa y revistas); a las que todavía en una visión mucho más amplia se han incluido a los parques temáticos, los estadios, las apuestas y el turismo.

  

Es cita recurrente que el primer estudio que se plantea conocer la realidad económica de la industria de la cultura y las artes apareció en 1976, el Journal of cultural economics, aunque para la década de los 80 no se reconocía la existencia del tema que hoy nos ocupa, economía cultural, economía del arte y la cultura u otra concepción: economía de las industrias creativas.

  

En el caso de nuestro país, han de pasar todavía algunos años para iniciar el estudio del sector desde una perspectiva económica, aún la liberalización del sector en la década de los años 90, es hasta 2004 cuando la Sociedad de Compositores de México, presidida por Roberto Cantoral, ante los embates de la Secretaría de Hacienda al sector, encarga al Dr. Ernesto Piedra el estudio ¿Cuánto vale la cultura?, en el que se calcula la contribución económica al Producto Interno Bruto de las industrias protegidas por el derecho de autor en México.

  

Aspecto que ya nos habla de la desorganización que distingue al sector cultura-artes.

  

Una nueva contribución en este sentido es el libro Economía cultural para emprendedores, coordinado por Eduardo Cruz Vázquez, quien nos da el estado del campo del análisis económico del sector, dice: “Bibliografía escasa, fuentes estadísticas dispersas e inconsistentes, nula discusión pública, segmentación de enfoques a partir de subsectores por naturaleza demandantes de apoyo para su desarrollo (editorial, cine, artesanal)”.

  

Entonces el libro se constituye como una fotografía que servirá de referencia para los múltiples agentes que intervienen en el desarrollo de la cultura (programadores, promotores, artistas, creadores, ejecutantes, etc.), servirá para los responsables de configurar la administración pública, para aquellos que quieran emprender una iniciativa, ya sea de forma individual o en conjunto.

  

El primer aspecto a destacar es la calidad de los profesionales que atienden al llamado de Cruz Vázquez. Participan varios economistas, resalta la colaboración del Dr. Eduardo Nivón, uno de los principales estudiosos de la cultura en nuestro país con presencia a nivel continental y mundial; se recoge la experiencia de quienes se han desempeñado como funcionarios públicos, y muy a tono con el ámbito en el que él mismo se ha desarrollado participan varios agregados culturales.

 

 

Destaca la participación del abogado David F. Dávila Gómez, especialista en toda clase de sociedades culturales y negocios jurídicos afines, capítulo que resulta de lectura indispensable.

  

Desde el ámbito de la creación artística participan René Avilés Fabila, escritor; Víctor Ugalde, cineasta; Héctor Garay, promotor de organizaciones de artes escénicas; Angélica Abelleyra, comunicadora especialista en artes plásticas; Elena Catalán, especialista en turismo formada en una de las potencias en la materia, España; y, pregunto si es caso inédito, la participación de un importante representante de un corporativo, Federico González Compean.

  

El libro se desarrolla en dos vertientes, la primera sobre la reflexión teórica del desarrollo del sector cultura-artes, en donde las colaboraciones aportan en torno a la política cultural, en cómo está organizado el campo a nivel jurídico, programático –ingeniería institucional del Estado Mexicano- y el orden económico – presupuestal; que nos dejan ver lo necesario de re-organizar, reestructurar el sector cultura-artes, propuestas que aterrizan en la propuesta de una Reforma Cultural.

  

En el capítulo del economista Alejandro González Hernández se identifica al sector cultura-artes como una de las ventajas comparativas originales de México, entonces plantea el reto de convertir esas ventajas en oportunidades de negocios. El apartado de Alfonso Castellanos Ribot reflexiona sobre la importancia de las estadísticas culturales como herramientas básicas para el conocimiento y la acción.

  

Sin restar importancia a las demás colaboraciones el capítulo “Las formas de organización de los emprendedores culturales” del abogado David Dávila Gómez vale oro, sobre el tema es escasa la información.

  

Otra vertiente es la que desarrollan los participantes que de alguna manera están involucrados en los procesos de creación. En donde siguiendo las exposiciones que en el libro se hacen podemos identificar el camino que sigue una iniciativa artística que parte del germen creativo –indies, en alusión a su carácter independiente- que cuando ingresan a un proceso de producción-circulación-consumo, están en el camino de contactarse con las majors.

  Si un sector de los emprendimientos culturales está castigado es la danza, proceso que nos describe Héctor Garay en el capítulo “La cadena de valor de las artes escénicas”; en la misma línea está la participación de René Avilés Fabila quien cuestiona sobre la estructura editorial y su proceso de circulación. Es en estos casos donde el poder simbólico se debe privilegiar por sobre el económico, la utilidad es social, y se protege al que detona la cadena de valor, el artista.

 

Víctor Ugalde nos expone las dificultades que enfrenta la realización cinematográfica en nuestro país al quedar expuesta a las reglas del mercado, concluye enfatizando lo necesario que resulta la participación del Estado para que el cine se siga desarrollando, no compitiendo, desarrollando.

  

Angélica Abelleyra realiza un mapeo y rutas de las empresas culturales, en el que recoge la experiencia de diversos emprendimientos culturales, en donde podemos observar porqué el concepto “mercado del arte” resulta propicio para la circulación de las artes plásticas; los demás emprendimientos –librerías, foro de teatro, disqueras independientes- están en el camino de ser considerados un mercado.

  

Y aunque dice el refrán que nadie escarmienta en cabeza ajena, la experiencia que nos transmite Federico González Compean, director de Corporación Interamericana de Entretenimiento, CIE–Internacional, indica un camino para aquellos que se propongan un emprendimiento cultural. Nos advierte del sensible mexicano que todos llevamos dentro, que no sabe dar un no, pero tampoco sabe recibirlo. Nos invita a dejar nuestros prejuicios.

  Es probable que nos hayamos lanzado sin paracaídas a la globalización, en donde a futuro, aunque el estado Mexicano se fortalezca no regresaremos a los tiempos de un poder central. Profesionalizarnos en torno al sector cultura-artes, cultura y ocio o industrias culturales se presenta como indispensable. La profesionalización consiste en conocer lo qué pasa en el medio, analizar en qué circunstancias ocurren las cosas, en ese sentido Economía cultural para emprendedores, perspectivas, coordinado por Eduardo Cruz Vázquez, es una puerta.


[1] GRACÍA García, Ma. Isabel y José Luis Zofío Prieto. La dimensión sectorial de la industria de la Cultura y el Ocio en España (1993 – 1997). Edición Iberautor. Madrid (2000). P 506
 



Es docente e investigadora teatral. Su trabajo se centra en el estudio de los procesos de circulación de la cultura y las artes, especialmente el sector teatro. Actualmente desarrolla el proyecto de investigación Revisión del Gasto público con fines culturales, subsector teatro en el Centro de Investigación Teatral “Rodolfo Usigli” del INBA.

chavero_gomez@yahoo.com.mx