Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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16-10-2017 17:13:29

Set chamula

Estuve unos días en San Cristóbal de las Casas. Me encontré con el escritor y periodista Fabián Rivera, entrañable amigo. Puso en mis manos la antología “Un manojo de lirios para el retorno” (Coneculta, Chiapas, 2015). De las páginas 95 a 97 se lee su poema “Muro”. Tomo este fragmento: “Mis raíces buscan esa misma grieta:/el silencio constata mis suspiros./¿Quién puede leerme, quién puede leer/en estos versos mi torpe, dolorosa anatomía?/Estoy, sigo desnudo y permanezco/en algún rincón del cuarto./De aire esta camisa que no cubre mi piel,/el sudor, su tránsito salobre que no escapa/a la humedad que me condena./”.

 

El poeta y la comida chiapaneca deliciosa (sopa de chipilín, frijoles con veneno, carnes frías coletas, ron Izapa Negro del Soconusco, ¡el café!); luego el andar por las calles en las que deambula el espíritu de mi abuelo Manuel Encarnación, quien fuera gobernador interino en 1923; y a darle al gozo del descanso en una banca de la plaza principal. Sancris tiene tanto, sobre todo niños y niñas que se disputan el comercio ambulante, las limosnas y el uso del celular. Tiene muchísimos perros sin dueño que dan ternura. Y tiene un vecino excepcional, San Juan Chamula, con su célebre iglesia.

 

Tiempo pasado fue mejor. Digamos por 1980. En esos años entrar al templo no era apto para el turismo cultural o religioso. Era otro turismo, si se quiere, antropológico. Vivencial. Místico. Viajero... Y adentrarse en el ritual era cosa seria. No les engaño. Tengo más de 30 años de acudir al llamado de mis raíces. Y el santuario chamula, se convirtió finalmente en un set. Va el cuento y las cuentas.

 

Estacionarse en los alrededores cuesta 20 pesos (le llaman “derecho de piso”). Se paga20 pesos por entrar (no se hace ningún tipo de descuento). Muchos años hace que no se pueden tomar fotografías ni videos. En esta visita, como al medio día, el piso reluciente con la paja de pino (y con costales de reserva). Un hombre que ofrece “limpias” por 150 pesos (“incluye todos los materiales”). A esa hora, ardían cerca de mil veladoras, casi todas recién encendidas, la mayoría de la Virgen de Guadalupe (imagine el negocio). Algunos indígenas orando, otros al hacerlo, con gallinas muertas y vivas.

 

Un hombre acompañado por dos mujeres (creo su madre y su esposa) coloca sus respectivas hileras de cirios (hay un muchacho que se dedica a levantar como de rayo los despojos de la cera). El señor pone su Coca Cola y una botella rellena de aguardiente. Sus mujeres le miran, absortas. Entra en las profundidades de la fe. De pronto, cosa de segundos, con la habilidad del nativo digital, saca del bolsillo derecho su celular, mira la llamada perdida o el mensaje, y regresa al pozo de su plegaria. Dios es también territorio Telcel.

 

Iglesia llena. Custodios al alba con teléfonos para comunicarse. Guías de turistas que con tono docto, aleccionan a las docenas de adoradores del sincretismo indígena. El templo exhibe un reluciente orden, un ambiente aséptico. Es un estupendo set.

 

Así como el parque del templo de Santo Domingo de Sancris fue copado por los ambulantes, de los escasos puestos en los que en esos años uno adquiría artesanías chamulas sólo queda el feliz recuerdo. Docenas de comerciantes informales llenan las calles del pueblo. De ese tamaño es el mercado donde en los textiles mandan los guatemaltecos: cientos de prendas que se adquieren como chiapanecas pero huelen a contrabando y en ellas, la producción industrial.

 

No me digan que soy un nostálgico del tiempo ido, un enemigo de la globalización o de las virtudes místicas de las tecnologías. Todo veré del mejor modo, excepto cuando se metan con el cementerio coleto. Ahí si no concederé nada, pues en el mausoleo donde yacen mis bisabuelos Cruz Acuña, habré de reposar un día de cuerpo entero.

 


Es egresado de la carrera de Comunicación de la UAM Xochimilco, con Especialidad en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la UAM Iztapalapa. Ejerce el periodismo desde 1980 en distintos diarios y revistas, como también la gestión cultural en diversidad de instituciones. Ha desplegado una amplia labor de análisis de la diplomacia cultural, de las políticas culturales, de la economía cultural, de las empresas culturales y en la formación de emprendedores culturales.

En su trayectoria destaca su desempeño como agregado cultural en las embajadas de México en Chile y Colombia, cuyo gobierno le condecoró con la Medalla al Mérito Cultural. Cuenta con dos obras que reúnen una parte de su quehacer como analista, reportero y cronista: Desde la frontera norte (UAM-Iztapalapa, 1991) y Del mismo cuero salen las correas (UAM-Xochimilco, 2002). La editorial colombiana Común Presencia publicó el volumen de prosas poéticas Saldo a favor (2005).

Es coautor del estudio Políticas culturales en México, 2006-2020, coordinado por Eduardo Nivón (Editorial Porrúa, 2006). Coordinó las obras Diplomacia y cooperación cultural de México: una aproximación, obra pionera en su ámbito (UNICACH/UANL, 2007); 1968-2008. Los silencios de la democracia (Editorial Planeta, 2008), serial de entrevistas que abordan la situación de los medios de comunicación en el país; Economía cultural para emprendedores. Perspectivas (UAM/UANL, 2010), obra también sin precedente en el campo y es coordinador al lado de Carlos A. Lara González de 1988-2012. Cultura y transición (UANL/ICM, 2012), obra que por vez primera ofrece una visión sectorial de 24 años.

En junio de 2009 creó en la UAM Xochimilco el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), del cual es coordinador. Desarrolla una amplia tarea como consultor. En esta línea de trabajo destaca la coordinación del Programa Sectorial de Cultura de Oaxaca 2011-2016. También ha realizado análisis económicos del Festival Internacional Cervantino y del Centro de Cultura Digital, en momentos del Conaculta.

En 2011 apareció el epistolario y a la vez reportaje novelado Colombia tiene nombre de mujer, en coedición de Ediciones Sin Nombre y la UANL. Participa del Proyecto ¿Cómo vamos ciudad de México? del periódico El Universal. Su obra más reciente como coordinador es TLCAN/Cultura ¿Lubricante o engrudo? Apuntes a 20 años (UAM/UANL, 2015) y es coautor de Una nueva diplomacia cultural para México, coordinado por César Villanueva (UIA, 2015).

Su obra más reciente como autor es Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016). Actualmente es Jefe del Centro de Extensión Educativa y Cultural Casa Rafael Galván Maldonado de la UAM.