Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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16-10-2017 17:13:05

Turismo cinegético: a contrapelo


Quienes me conocen, dirán si he cumplido el propósito de no tomar posiciones radicales. Tanto en la vida como en el periodismo. Refiero a cuando se trata de descalificar, como al asumir la defensa en asuntos de enorme fragilidad. Un caso, la religión. Otro, el ecosistema. Estos dos campos humanos dan para ruleta rusa, para viaje en tobogán, para jornadas de esgrima y para violencia de todo tipo.

 

En estos escenarios sociales que son también generadores de fronteras (mentales, simbólicas, físicas), el turismo cinegético o llanamente la cacería, tiene años de moverse en la sombra. No por ello ha sido, es y será una práctica cultural no exenta de creatividad. Y con un dinamismo económico. Así lo revela el reportaje "Turistas sigilosos", escrito por Alejandro de la Rosa en el número más reciente de la revista Expansión (abril 24, ejemplar 1164). Vale la pena revisar la información más relevante.

 

La cacería se practica en ranchos y áreas autorizadas por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). En esas tierras se crían animales exclusivamente para ese fin. Según el reportero De la Rosa, en 2014 esta actividad generó ingresos por 163 millones de dólares (mdd), el 1% del total de la industria turística, cuya aportación al PIB es de más del 8%. En nuestro país hay 12,503 áreas autorizadas para cazar (Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre) "pero la falta de promoción frena el desarrollo de esta actividad".

 

El número de cazadores crece 5% cada año, según un estudio preliminar de la Secretaría de Turismo. Y los permisos aumentan 8% anual. En la Secretaría de la Defensa, hay registro de 750 clubes de cacería. En los Estados Unidos, esta práctica generó el año pasado 21,300 mdd.

 

De la Rosa escribe: "El modelo de negocios del turismo cinegético es la conservación de las especies a cambio del pago de cuotas estatales y federales, la venta de animales y la oferta de servicios de viaje".

 

El reportaje nos entera de que el gobernador de Chihuahua, César Duarte, es aficionado a la caza. Que el presidente del Club Safari es Rafael Ayala y Aranda, autor de nueve libros sobre el modo de entretenimiento. Que es célebre el Rancho Serendipiti, en Nuevo Léon, cuyos principales clientes son "políticos y empresarios de Monterrey". Que el ex presidente Miguel de la Madrid cazaba con flecha. Y que lo hacen por tradición familiar empresarios como Héctor Cuéllar, Adrián y Federico Sada y Eugenio Baeza (por lo demás... dueño de Bafar).

 

Lean ustedes esta lista de detalles. Animales y precios en dólares:

 

-Una paloma desde 1,000.

-Un venado cola blanca por 1,500.

-Un borrego cimarrón 25,000.

(En África un leopardo cuesta 36,000.

Un león 46,000).

 

-Los animales de mayor crianza son borrego cimarrón, cebra, berrendo, venado, mapache, liebre, jabalí, paloma y codorniz.

 

-Los estados con más ranchos cinegéticos son Tamaulipas, Nuevo León, Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Zacatecas y Coahuila. Una cuarta parte de la República.

 

-Un rifle cuesta entre 350 y 3,000 dólares. Y se debe registrar ante la Sedena. Sólo los afiliados a un club pueden hacerlo.

 

-Los viajes de turismo cinegético duran siete días en promedio. Una jornada cuesta entre 1,000 y 50,000 dólares. Es necesario contratar a un taxidermista.

 

Como señala el reportero de Expansión, crear ecosistemas para la práctica de la cacería no convence a la mayoría. Y quienes andan en estas aventuras, deben andarse con cuidado. Más de uno ha sido objeto de agresiones.

 

Por cierto, Alejandro Moreno, fue subsecretario de Operación Turística federal. En su sala de trofeos tiene disecadas más de 50 especies: todo un cazador.

 

¿Qué pienso? Que el turismo cinegético debe contar con más y mejores condiciones para su práctica. Regular para beneficio de todos es mejor que vivir a la sombra. Como las drogas.

 

 


Es egresado de la carrera de Comunicación de la UAM Xochimilco, con Especialidad en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la UAM Iztapalapa. Ejerce el periodismo desde 1980 en distintos diarios y revistas, como también la gestión cultural en diversidad de instituciones. Ha desplegado una amplia labor de análisis de la diplomacia cultural, de las políticas culturales, de la economía cultural, de las empresas culturales y en la formación de emprendedores culturales.

En su trayectoria destaca su desempeño como agregado cultural en las embajadas de México en Chile y Colombia, cuyo gobierno le condecoró con la Medalla al Mérito Cultural. Cuenta con dos obras que reúnen una parte de su quehacer como analista, reportero y cronista: Desde la frontera norte (UAM-Iztapalapa, 1991) y Del mismo cuero salen las correas (UAM-Xochimilco, 2002). La editorial colombiana Común Presencia publicó el volumen de prosas poéticas Saldo a favor (2005).

Es coautor del estudio Políticas culturales en México, 2006-2020, coordinado por Eduardo Nivón (Editorial Porrúa, 2006). Coordinó las obras Diplomacia y cooperación cultural de México: una aproximación, obra pionera en su ámbito (UNICACH/UANL, 2007); 1968-2008. Los silencios de la democracia (Editorial Planeta, 2008), serial de entrevistas que abordan la situación de los medios de comunicación en el país; Economía cultural para emprendedores. Perspectivas (UAM/UANL, 2010), obra también sin precedente en el campo y es coordinador al lado de Carlos A. Lara González de 1988-2012. Cultura y transición (UANL/ICM, 2012), obra que por vez primera ofrece una visión sectorial de 24 años.

En junio de 2009 creó en la UAM Xochimilco el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), del cual es coordinador. Desarrolla una amplia tarea como consultor. En esta línea de trabajo destaca la coordinación del Programa Sectorial de Cultura de Oaxaca 2011-2016. También ha realizado análisis económicos del Festival Internacional Cervantino y del Centro de Cultura Digital, en momentos del Conaculta.

En 2011 apareció el epistolario y a la vez reportaje novelado Colombia tiene nombre de mujer, en coedición de Ediciones Sin Nombre y la UANL. Participa del Proyecto ¿Cómo vamos ciudad de México? del periódico El Universal. Su obra más reciente como coordinador es TLCAN/Cultura ¿Lubricante o engrudo? Apuntes a 20 años (UAM/UANL, 2015) y es coautor de Una nueva diplomacia cultural para México, coordinado por César Villanueva (UIA, 2015).

Su obra más reciente como autor es Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016). Actualmente es Jefe del Centro de Extensión Educativa y Cultural Casa Rafael Galván Maldonado de la UAM.