Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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16-10-2017 19:11:22

Soy Totalmente Chatarra

 

Me tocaron las monedas de cobre. Con una de 20 centavos, hacia 1968, después de la comida, hacía actos de magia. No olvido que podía adquirir dos chicles Canguro, dos doblones de oro de chocolate y dos caramelos Bocati. Ello independientemente del dulce que preparaba mi madre: pudín de vainilla, entre mis predilectos. Eso sí, tal banquete energético sólo me era accesible si no dejaba ni sobras en los platos de los tres tiempos: sopa aguada, sopa seca y guisado. El agua para comer variaba: de limón la mayoría de veces, otras de tamarindo o jamaica. Cierto, otro tesoro poblaba el refrigerador: la Coca Cola tamaño grande, la cual se reservaba para las cubas de mis padres y para saciar la sed de los hermanos mayores...

 

Recuerdo que el enemigo a vencer no era la obesidad, ni las caries, ni la gastritis, ni la diabetes. Nadie, que recuerde de mis amigos y familiares, sufrió malestares por entrarle duro a los alimentos "basura". Atrevo a decir que no representaba preocupación en ningún sector social. Las consecuencias, veo a la distancia, se medían por el gasto. Contra eso sí que luchaban todos los padres: por poner freno al apetito por papitas, refrescos, chiclosos, pinguinos, gansitos, chocolates, paletas, caramelos, tamarindos enchilados, cacahuates carapiñados, manzanas caramelizadas, jícamas con piquín, merengues, raspados, muéganos, gaznates, palomitas con salsa búfalo, tostitos Cazares espolvoreados con chamoy Miguelito, y largísimo etcétera en el que, como se puede leer, al final de cuentas se daba una combinación letal: la comida chatarra industrializada, la de factura artesanal y la que sin ser connotado botanero y/o repostero, se preparaba en la cocina de la casa.

 

 

Desde niño Soy Totalmente Chatarra. Y desde entonces no hay semana (decir día sonaría exagerado) que no me deleite con uno de esos productos. Me gustan, no me hacen daño y pago el precio al que me los pongan (gasto unos mil pesos mensuales). Claro, de unos años para acá mi tanda "basura" incluye muy variada barra de bebidas alcohólicas: rones, tequilas, vodkas, cervezas, vinos. Al son que digan la Secretaría de Hacienda y la de Salud, les bailo. Y hasta no hace mucho, también el cigarro, del cual me alejé más por solidaridad social que por ser prospecto del hospital de oncología.

 

 

No pocos mexicanos piensan como yo. Para corroborarlo no son necesarias las encuestas o el confesionario. Lo revelan las cifras del primer trimestre del despacho de Luis Videgaray a quien, claro, le encantan los churrumais con limoncito con Chaparrita del Naranjo de uva. Como sabemos, el catálogo no alimenticio entra en el régimen del Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (IEPS). En el primer trimestre de este año, captó 2.4 veces más de lo estimado. Hablamos de 96 mil 193 millones de pesos. Es decir, lo programado era 38 mil 662 millones de pesos (mmdp).

 

 

Tienen razón: en la categoría del IEPS entran las gasolinas y el diesel. Bien, echémoslas de lado y vienen las que importan en esta nota, según la clasificación de las autoridades. Se captaron en tres meses (en miles de millones) 11,337 por tabacos labrados; 7,272 por cervezas; 4,439 por alimentos no básicos; 4,516 por bebidas saborizadas y 4,012, por bebidas alcohólicas. Esto suma 30,576, es decir, el presupuesto de la UNAM y dos veces el del Conaculta. Y 15 veces más que los impuestos "verdes" que se alzaron con 1,798 mdp.

 

 

Me parece que la regulación y el buen desempeño ante nuestro ser totalmente chatarra comienza y termina en casa. Como el hábito de la lectura.

 

 


Es egresado de la carrera de Comunicación de la UAM Xochimilco, con Especialidad en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la UAM Iztapalapa. Ejerce el periodismo desde 1980 en distintos diarios y revistas, como también la gestión cultural en diversidad de instituciones. Ha desplegado una amplia labor de análisis de la diplomacia cultural, de las políticas culturales, de la economía cultural, de las empresas culturales y en la formación de emprendedores culturales.

En su trayectoria destaca su desempeño como agregado cultural en las embajadas de México en Chile y Colombia, cuyo gobierno le condecoró con la Medalla al Mérito Cultural. Cuenta con dos obras que reúnen una parte de su quehacer como analista, reportero y cronista: Desde la frontera norte (UAM-Iztapalapa, 1991) y Del mismo cuero salen las correas (UAM-Xochimilco, 2002). La editorial colombiana Común Presencia publicó el volumen de prosas poéticas Saldo a favor (2005).

Es coautor del estudio Políticas culturales en México, 2006-2020, coordinado por Eduardo Nivón (Editorial Porrúa, 2006). Coordinó las obras Diplomacia y cooperación cultural de México: una aproximación, obra pionera en su ámbito (UNICACH/UANL, 2007); 1968-2008. Los silencios de la democracia (Editorial Planeta, 2008), serial de entrevistas que abordan la situación de los medios de comunicación en el país; Economía cultural para emprendedores. Perspectivas (UAM/UANL, 2010), obra también sin precedente en el campo y es coordinador al lado de Carlos A. Lara González de 1988-2012. Cultura y transición (UANL/ICM, 2012), obra que por vez primera ofrece una visión sectorial de 24 años.

En junio de 2009 creó en la UAM Xochimilco el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), del cual es coordinador. Desarrolla una amplia tarea como consultor. En esta línea de trabajo destaca la coordinación del Programa Sectorial de Cultura de Oaxaca 2011-2016. También ha realizado análisis económicos del Festival Internacional Cervantino y del Centro de Cultura Digital, en momentos del Conaculta.

En 2011 apareció el epistolario y a la vez reportaje novelado Colombia tiene nombre de mujer, en coedición de Ediciones Sin Nombre y la UANL. Participa del Proyecto ¿Cómo vamos ciudad de México? del periódico El Universal. Su obra más reciente como coordinador es TLCAN/Cultura ¿Lubricante o engrudo? Apuntes a 20 años (UAM/UANL, 2015) y es coautor de Una nueva diplomacia cultural para México, coordinado por César Villanueva (UIA, 2015).

Su obra más reciente como autor es Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016). Actualmente es Jefe del Centro de Extensión Educativa y Cultural Casa Rafael Galván Maldonado de la UAM.