Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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16-10-2017 19:12:27

Sin más...Ver pasar leyes

 

Eduardo Cruz Vázquez

 

En medio de tanta incomodidad, el Presidente Enrique Peña Nieto y no pocos de sus cercanos colaboradores, se sienten contentos, diría en paz, con los asuntos de la ciencia, la tecnología y la innovación. Ese operador que se llama Bolívar Zapata, con senda coordinación a su cargo en Los Pinos, ha logrado en estos años que la comunidad científica y el Conacyt sean habitantes en plenitud en la estructura de poder.

 

Cosa que ni por asomo ha ocurrido con el Conaculta. Carente de operadores, lejos de los reflectores del Titular del Ejecutivo y ajeno a los afectos del gabinete. Inmerso en no pocos conflictos con el secretario de Educación Pública, mucho más castigado con los recortes presupuestales y con una comunidad cultural indiferente, el organismo cultural ve pasar leyes... sin más.

 

Vayamos a un caso reciente. Hace unas semanas, entró en vigor la Ley para Impulsar el Incremento Sostenido de la Productividad y la Competitividad de la Economía Nacional. Se trata de un compromiso presidencial que entra con cuña si nos atenemos a lo que, desde 2006, tenemos en la Ley para el Desarrollo de la Competitividad de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa.

 

El contraste es notable. En la Ley Mipyme, en el capítulo I, del ámbito de aplicación y objeto de la ley, el artículo 3o, fracción III, señala que en la estructura de unidades económicas "se incluyen productores agrícolas, ganaderos, forestales, pescadores, acuicultores, mineros, artesanos y de bienes culturales, así como prestadores de servicios turísticos y culturales". Ni una letra más. Como se lee, la ciencia ni sus luces... A menos que sea por interpretación.

 

En este año 2015, en la ley promulgada el 6 de mayo, en el capítulo I, de las disposiciones generales, en el artículo 3o, fracción VI, se puede leer: "Impulsar la inversión pública, privada y social en infraestructura, capital humano, capacitación laboral, formación de competencias de emprendedores y trabajadores y el establecimiento de mecanismos que fomenten la productividad laboral; el impulso al emprendimiento y al escalamiento productivo y tecnológico de empresas; la investigación y el desarrollo, así como la innovación aplicada".

 

De esta manera, si bien se supone una correlación (caprichosa) entre ambas leyes, lo cultural desaparece, para empoderar lo científico. Como se indica en el capítulo II, de la política nacional de fomento económico, en el artículo 8o, se dictan las políticas transversales, sectoriales y regionales. De las segundas, se puede destacar en la fracción II, inciso e): "Fortalecer la innovación aplicada en materia de capacidad tecnológica y organizacional a nivel sectorial, a través de las articulaciones entre empresas, así como entre éstas y las instituciones educativas y de investigación del país".

 

Entonces llegamos al nodo de esta nueva ley. En el capítulo III, se abordan las condiciones de operación y los alcances del Comité Nacional de Productividad. Destaco del artículo 11, en su fracción IX: "Impulsar la colaboración y la asociación tecnológica entre empresas, centros universitarios y de innovación tecnológica, particularmente en los sectores y regiones económicos seleccionados".

 

Se ordena la instalación del pleno encabezado por el Titular del Ejecutivo, cinco secretarios de Estado, el director del Conacyt, por empresarios, trabajadores sindicalizados, por académicos de instituciones de educación superior y por personeros especializados en "capacitación para el trabajo". A contrapelo, el Consejo Nacional para la Competitividad de las Mipymes se conforma de ¡31 integrantes! fundamentalmente de los sectores público (por supuesto con el Conacyt) y privado. Es decir, tanto en el Comité como en el Consejo, el sector cultural no tiene representantes. Ni siquiera el Conaculta.

 

Este encontronazo legal, inundado de imprecisiones y ausencias para entonar la productividad y la competitividad, es otra muestra de cuán lejos estamos de una reforma cultural y que, por ello, debemos pugnar por su realización.

 


Es egresado de la carrera de Comunicación de la UAM Xochimilco, con Especialidad en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la UAM Iztapalapa. Ejerce el periodismo desde 1980 en distintos diarios y revistas, como también la gestión cultural en diversidad de instituciones. Ha desplegado una amplia labor de análisis de la diplomacia cultural, de las políticas culturales, de la economía cultural, de las empresas culturales y en la formación de emprendedores culturales.

En su trayectoria destaca su desempeño como agregado cultural en las embajadas de México en Chile y Colombia, cuyo gobierno le condecoró con la Medalla al Mérito Cultural. Cuenta con dos obras que reúnen una parte de su quehacer como analista, reportero y cronista: Desde la frontera norte (UAM-Iztapalapa, 1991) y Del mismo cuero salen las correas (UAM-Xochimilco, 2002). La editorial colombiana Común Presencia publicó el volumen de prosas poéticas Saldo a favor (2005).

Es coautor del estudio Políticas culturales en México, 2006-2020, coordinado por Eduardo Nivón (Editorial Porrúa, 2006). Coordinó las obras Diplomacia y cooperación cultural de México: una aproximación, obra pionera en su ámbito (UNICACH/UANL, 2007); 1968-2008. Los silencios de la democracia (Editorial Planeta, 2008), serial de entrevistas que abordan la situación de los medios de comunicación en el país; Economía cultural para emprendedores. Perspectivas (UAM/UANL, 2010), obra también sin precedente en el campo y es coordinador al lado de Carlos A. Lara González de 1988-2012. Cultura y transición (UANL/ICM, 2012), obra que por vez primera ofrece una visión sectorial de 24 años.

En junio de 2009 creó en la UAM Xochimilco el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), del cual es coordinador. Desarrolla una amplia tarea como consultor. En esta línea de trabajo destaca la coordinación del Programa Sectorial de Cultura de Oaxaca 2011-2016. También ha realizado análisis económicos del Festival Internacional Cervantino y del Centro de Cultura Digital, en momentos del Conaculta.

En 2011 apareció el epistolario y a la vez reportaje novelado Colombia tiene nombre de mujer, en coedición de Ediciones Sin Nombre y la UANL. Participa del Proyecto ¿Cómo vamos ciudad de México? del periódico El Universal. Su obra más reciente como coordinador es TLCAN/Cultura ¿Lubricante o engrudo? Apuntes a 20 años (UAM/UANL, 2015) y es coautor de Una nueva diplomacia cultural para México, coordinado por César Villanueva (UIA, 2015).

Su obra más reciente como autor es Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016). Actualmente es Jefe del Centro de Extensión Educativa y Cultural Casa Rafael Galván Maldonado de la UAM.