Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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16-10-2017 19:11:59

Secretaría de Cultura: de la restauración a la perpetuidad

 

He sostenido que el regreso del PRI a Los Pinos, tras 12 años de panismo presidencial, trajo una natural restauración del programa cultural, del proyecto fundado y sostenido por una visión nacionalista de la política cultural. No se fue del todo en esos dos sexenios y la reposición de Rafael Tovar en la titularidad del Conaculta, ya con tres años de gestión a cuestas (casi once años en tres gobiernos) confirma el alcance histórico del proceso.

 

En esa perspectiva, la creación de la Secretaría de Cultura (SEC) es una decisión mucho más profunda de lo que parece, una reingeniería institucional para consolidar la responsabilidad gubernamental. No vayamos muy lejos para comprender lo que enfrentamos. En el artículo “Lesiones de historia patria: el nacionalismo (Milenio, 21 de Agosto de 2012), Héctor Aguilar Camín escribió: “(…) Ha sido una de las pasiones de México (…). Cohesionó, le dio sentido de país y orgullo de comunidad, pero también le cerró los ojos, estimuló su provincianismo, lo llenó de mentiras exaltadoras. En el camino de la construcción nacionalista mexicana se han acumulado muchas mentiras fundadoras, constitutivas de nuestros orgullos nacionales”.

 

Un referente de cómo la vida cultural encontró en el nacionalismo un territorio fecundo para la intervención del Estado priista la dio el escritor Christopher Domínguez, en el artículo el “Horror a la restauración” (Letras Libres, agosto de 2012), al afirmar que “decir que el PRI sólo fue una cleptocracia exhibe la obnubilación de inteligencias dadas a confundir realidad con deseos. La edad de oro de la cultura mexicana, transcurrida durante buena parte del siglo XX, está indisociablemente ligada al autoritarismo del régimen que la procreó, alfabetizando al país, convirtiendo a la UNAM en una universidad de masas, creando ejemplares instituciones culturales y empresas editoriales, dándole, en fin, a México, un rostro inconfundible”.

 

En otro aparte del análisis, Domínguez dice: “Al elegir a Enrique Peña Nieto como su candidato, el PRI demostró una grosera indiferencia ante lo que la clase académica e intelectual podía pensar, esperar, sentir o temer (…) Que la restauración se haría sin consentimiento del México que se cree culto: la izquierda profesa la superstición de la cultura y esa es una de sus virtudes democráticas. Quienes se indignaron tras el oso de Peña Nieto en la Feria de Guadalajara, esa meca de los letrados, habrían preferido, incluso como candidato priista, a un personero que mostrara cierta reverencia por los hacedores de libros (…)”.

 

Lo que advierto en la instauración de la SEC es la siguiente etapa del nacionalismo cultural del priismo, y donde, a contrapelo, el liberalismo (para otros neoliberalismo) concluirá –sin éxito- un periodo de más de cinco lustros en pugna por tomar una posición estructural en la política cultural. No deja de ser emblemático que la llegada a la cima de la estructura del Poder Ejecutivo (la secretaría de Estado cultural), ocurra a dos años del centenario de la Constitución Política de 1917 y a menos de seis del centenario de la fundación de la SEP, con José Vasconcelos como primer secretario del despacho. Que ocurra a 29 años del ingreso de México al GATT, a 28 del gobierno de Carlos Salinas y de la apertura comercial y a 21 años de la entrada en vigor del TLCAN.

 

Y no es para menos que en ese proyecto nacionalista, exista una corriente insatisfecha, aquella que considera que el componente cultural no debería ser separado de la SEP, cuyo artífice, José Vaconcelos, pervive sin que nadie le dispute su pedestal.

 

En ese sentido, vale citar unas palabras de la escritora Sabina Berman, publicadas en la sección Tribuna de Milenio, el mismo martes 8 de septiembre. “Una Secretaría de Cultura servirá para que ellos (los funcionarios del sector) no tengan que pedir (a veces, como ha sucedido, rogar) al Secretario de Educación por un presupuesto suficiente y por la autorización de programas específicos”.

Añade Berman que la verdad “es que esta independencia administrativa de la SEP, que en lo práctico parece juiciosa, en lo filosófico representa una claudicación a los ideales que originaron las políticas culturales del país. José Vasconcelos, fundador tanto de la SEP como del INBA, y todavía nuestro teórico más ambicioso en cuanto a políticas culturales, consideró que la educación se prolongaba en las artes, y por tanto debían ser atendidas por organismos entrelazados”.

 

Y remata Berman: “Desvincular a la cultura de la educación parece desconocer ese proyecto vasconceliano, un proyecto que a lo largo de medio siglo de la centuria pasada fue realidad cotidiana, a la que por cierto le debemos el relato que aún empleamos de lo que es México y de lo que podría ser”.

 

Si bien algo se habrá de discutir la aprobación de la SEC, no parece viable que llegue a responder a una noción distinta a lo que conocemos desde hace décadas, lo cual me hace estar seguro que los vasconcelianos y quienes creen en la vía del nacionalismo, no deben temer una pérdida ante su separación de la SEP.

 

Una forma de comprender esta imposibilidad puede estar en el análisis “La nueva escena política”, de Roger Bartra, publicado en el diario Reforma, el pasado 8 de septiembre. Nos señala que “no obstante, es posible reconocer -detrás del barullo- la ya conocida confrontación de dos grandes tendencias: las fuerzas restauradoras enfrentadas a las corrientes modernizantes. Se trata de un conflicto que atraviesa casi todos los estamentos de la política, a los diferentes partidos y a las filas de funcionarios en todos los niveles”.

 

“Hay una polaridad que enfrenta a quienes prefieren usar las viejas ideas y los instrumentos políticos del pasado contra quienes buscan nuevos conceptos y practican métodos modernos de hacer política. Por supuesto, como en todas las polarizaciones políticas, hay muchos matices y posiciones intermedias o marginales, lo que vuelve confusa la coyuntura política”, sentencia el crítico.

 

Así las cosas, perfila Bartra, “el regreso del nacionalismo autoritario se enfrenta a un nuevo entorno político, en el que la democracia avanza, ciertamente con tropiezos, y la sociedad civil adquiere un perfil crítico más afilado. Estamos ante un equilibrio peligroso entre la restauración y la modernización, que puede desembocar en un estancamiento económico y político”.

 

Estamos cerca de dejar la restauración para acceder a la perpetuidad del modelo institucional del PRI en la política cultural.

 

 


Es egresado de la carrera de Comunicación de la UAM Xochimilco, con Especialidad en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la UAM Iztapalapa. Ejerce el periodismo desde 1980 en distintos diarios y revistas, como también la gestión cultural en diversidad de instituciones. Ha desplegado una amplia labor de análisis de la diplomacia cultural, de las políticas culturales, de la economía cultural, de las empresas culturales y en la formación de emprendedores culturales.

En su trayectoria destaca su desempeño como agregado cultural en las embajadas de México en Chile y Colombia, cuyo gobierno le condecoró con la Medalla al Mérito Cultural. Cuenta con dos obras que reúnen una parte de su quehacer como analista, reportero y cronista: Desde la frontera norte (UAM-Iztapalapa, 1991) y Del mismo cuero salen las correas (UAM-Xochimilco, 2002). La editorial colombiana Común Presencia publicó el volumen de prosas poéticas Saldo a favor (2005).

Es coautor del estudio Políticas culturales en México, 2006-2020, coordinado por Eduardo Nivón (Editorial Porrúa, 2006). Coordinó las obras Diplomacia y cooperación cultural de México: una aproximación, obra pionera en su ámbito (UNICACH/UANL, 2007); 1968-2008. Los silencios de la democracia (Editorial Planeta, 2008), serial de entrevistas que abordan la situación de los medios de comunicación en el país; Economía cultural para emprendedores. Perspectivas (UAM/UANL, 2010), obra también sin precedente en el campo y es coordinador al lado de Carlos A. Lara González de 1988-2012. Cultura y transición (UANL/ICM, 2012), obra que por vez primera ofrece una visión sectorial de 24 años.

En junio de 2009 creó en la UAM Xochimilco el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), del cual es coordinador. Desarrolla una amplia tarea como consultor. En esta línea de trabajo destaca la coordinación del Programa Sectorial de Cultura de Oaxaca 2011-2016. También ha realizado análisis económicos del Festival Internacional Cervantino y del Centro de Cultura Digital, en momentos del Conaculta.

En 2011 apareció el epistolario y a la vez reportaje novelado Colombia tiene nombre de mujer, en coedición de Ediciones Sin Nombre y la UANL. Participa del Proyecto ¿Cómo vamos ciudad de México? del periódico El Universal. Su obra más reciente como coordinador es TLCAN/Cultura ¿Lubricante o engrudo? Apuntes a 20 años (UAM/UANL, 2015) y es coautor de Una nueva diplomacia cultural para México, coordinado por César Villanueva (UIA, 2015).

Su obra más reciente como autor es Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016). Actualmente es Jefe del Centro de Extensión Educativa y Cultural Casa Rafael Galván Maldonado de la UAM.