Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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16-10-2017 19:12:49

Secretaría de Cultura: la nueva estructura

Como parte de la propuesta de una reforma cultural, he abordado la necesidad de reconfigurar lo que hoy conocemos como sector cultural. Hasta ahora, sin existir formalmente, su mejor grado de estructuración es a través de la Cuenta Satélite de la Cultura de México, que inició el INEGI en enero de 2014 (ciclo 2008-2012). Recordemos que de los 20 sectores que existen en el Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (SCIAN), 9 tienen que ver con cultura.

 
Si bien entiendo que modificar el SCIAN es poco atractivo –un profundo, caro y espinoso trabajo amén de sus implicaciones con los sistemas de los Estados Unidos y Canadá- al menos por razones funcionales (para casos como la Cuenta Satélite) debería adoptarse la comprensión del sector cultural de manera diferente. Lo que propongo es crear como tal el sector y dividirlo en tres subsectores: el subsector del Estado, el subsector de las mipymes y grandes empresas culturales y el subsector que agrupe las actividades de las instituciones de educación superior, de las instituciones sin fines de lucro y de los organismos de cooperación-coproducción internacional.

A lo largo de las siguientes entregas brindaremos algunos elementos para ilustrar el alcance de esta propuesta. Comencemos por el subsector de Estado. Como sabemos, la mayor parte de la gestión pública en cultura se concentra en el subsector de Cultura y Arte de la SEP, el cual se pretende transformar en Secretaría de Cultura (SEC). Desde las características de la Administración Pública Federal, esto significará crear un sector y por lo mismo el futuro despacho del Poder Ejecutivo tendrá que contar con subsectores. Sin embargo, para efectos de un sistema de clasificación, de su abordaje desde el Sistema de Cuentas Nacionales, tal secretaría (entre otras dependencias) corresponde al subsector de Estado. 

 

También es importante señalar que al nacer la SEC, deberán crearse varias subsecretarías, oficinas como la del Oficial Mayor y las delegaciones federales, además de la agrupación de instancias descentralizadas, desconcentradas y de empresas paraestatales. Desde mi elaboración, serían al menos tres subsecretarías. Dependerá del alcance del cambio su pertinencia y su contenido.

 

El subsector de Estado se constituye por un conjunto de dependencias y organismos, cuyo financiamiento moviliza la economía cultural. Por ello, un verdadero sentido reformador del gobierno, debe considerar al menos lo que a continuación describo. Comencemos por el FONCA: en la futura SEC el fondo debe concentrar, además de los apoyos a la creación y a la gestión cultural llamada "independiente", los que se refieren a la labor asistencial, de apoyo al tercer sector (aquí vendrían los célebres "etiquetados" del Congreso) y a la incubación y financiamiento de micro, pequeñas y medianas empresas culturales, mediante una acción conjunta con la Secretaría de Economía, el Instituto Nacional de Emprendedor (INADEM), la banca de desarrollo nacional e internacional, la banca privada, los fondos de inversión y, destacadamente, con los crowdfunding.

 

Esto supone que el FONCA impulse una articulación renovada de la responsabilidad social empresarial más allá del voluntarismo y la filantropía. Ello nos remite a la urgencia de un nuevo marco fiscal para los donativos y para el fomento a la inversión. Por igual señala que el FONCA retome parte vital de su constitución original: la de ser el medio y la mecha para generar, justamente, la inversión.

 

Por otra parte, aunque “tocarlo” implique algún lagrimeo, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) debe al fin desprenderse de la educación artística y concentrarla en el Centro Nacional de las Artes, que fue creado con ese propósito y que buscaba configurar la Universidad de las Artes. En lo concerniente a la preservación del patrimonio que le corresponde, debe trasladarse al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), bajo medidas transversales y transitorias para dicho propósito. Un nuevo INBAL (bien podría cambiar su denominación) debe refundar sus museos y grupos artísticos para otorgarles viabilidad social y económica a través de convertirlos en unidades económicas; así como debe asumir lo que le es intrínseco a la promoción: el Festival Internacional Cervantino, la Coordinación Nacional de Desarrollo Cultural Infantil, la Coordinación del Sistema Nacional de Fomento Musical, el Centro de la Imagen, el Centro Cultural Helénico, la Ciudad de los Libros y la reinstalada oficina de Animación Cultural.

 

¿Esto suena a una subsecretaría? Seguiremos.

 


Es egresado de la carrera de Comunicación de la UAM Xochimilco, con Especialidad en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la UAM Iztapalapa. Ejerce el periodismo desde 1980 en distintos diarios y revistas, como también la gestión cultural en diversidad de instituciones. Ha desplegado una amplia labor de análisis de la diplomacia cultural, de las políticas culturales, de la economía cultural, de las empresas culturales y en la formación de emprendedores culturales.

En su trayectoria destaca su desempeño como agregado cultural en las embajadas de México en Chile y Colombia, cuyo gobierno le condecoró con la Medalla al Mérito Cultural. Cuenta con dos obras que reúnen una parte de su quehacer como analista, reportero y cronista: Desde la frontera norte (UAM-Iztapalapa, 1991) y Del mismo cuero salen las correas (UAM-Xochimilco, 2002). La editorial colombiana Común Presencia publicó el volumen de prosas poéticas Saldo a favor (2005).

Es coautor del estudio Políticas culturales en México, 2006-2020, coordinado por Eduardo Nivón (Editorial Porrúa, 2006). Coordinó las obras Diplomacia y cooperación cultural de México: una aproximación, obra pionera en su ámbito (UNICACH/UANL, 2007); 1968-2008. Los silencios de la democracia (Editorial Planeta, 2008), serial de entrevistas que abordan la situación de los medios de comunicación en el país; Economía cultural para emprendedores. Perspectivas (UAM/UANL, 2010), obra también sin precedente en el campo y es coordinador al lado de Carlos A. Lara González de 1988-2012. Cultura y transición (UANL/ICM, 2012), obra que por vez primera ofrece una visión sectorial de 24 años.

En junio de 2009 creó en la UAM Xochimilco el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), del cual es coordinador. Desarrolla una amplia tarea como consultor. En esta línea de trabajo destaca la coordinación del Programa Sectorial de Cultura de Oaxaca 2011-2016. También ha realizado análisis económicos del Festival Internacional Cervantino y del Centro de Cultura Digital, en momentos del Conaculta.

En 2011 apareció el epistolario y a la vez reportaje novelado Colombia tiene nombre de mujer, en coedición de Ediciones Sin Nombre y la UANL. Participa del Proyecto ¿Cómo vamos ciudad de México? del periódico El Universal. Su obra más reciente como coordinador es TLCAN/Cultura ¿Lubricante o engrudo? Apuntes a 20 años (UAM/UANL, 2015) y es coautor de Una nueva diplomacia cultural para México, coordinado por César Villanueva (UIA, 2015).

Su obra más reciente como autor es Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016). Actualmente es Jefe del Centro de Extensión Educativa y Cultural Casa Rafael Galván Maldonado de la UAM.