Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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16-10-2017 19:10:30

Secretaría de Cultura: la tijera inevitable

 

Este breve recorrido en torno a las implicaciones de crear una Secretaría de Cultura (SEC), señala las dimensiones que el Conaculta ha alcanzado en la Administración Pública Federal: el de una secretaría de Estado. Nuestro afán de dimensionar los alcances de un nuevo despacho del Poder Ejecutivo, pone en relieve la enorme tarea y las decisiones que se deben tomar si en verdad se quiere hacer una reforma cultural.

 

Resultará ingenuo o un despropósito –por no decir burla- que las autoridades y los propios actores del sector cultural desestimen tres acciones que se imponen e intercalan: la reducción/compactación de estructuras, la quita de personal en algunas dependencias así como la readscripción o creación de nuevas plazas tanto para empleados de confianza como para sindicalizados. No es posible en este momento ponerle número a estas medidas, pero se entienden desde la labor organizativa y no desde una actitud deliberada de vulnerar la institucionalidad o la de disminuir las oportunidades de trabajo en la futura SEC.

 

Por ejemplo, hay coordinaciones como la Nacional de Desarrollo Institucional y la de Innovación y Calidad que bien podrían fusionarse. En la reingeniería, se fortalecería ante todo al Sistema de Información Cultural, cuya función sigue siendo vista sin el calado estratégico que tiene para la conceptualización y diseño de la política cultural, como para el despliegue del potencial de la economía cultural.

 

Por otra parte, la Dirección General de Vinculación Cultural (DGVC) se tiene que transformar en una coordinación de delegaciones de la SEC. Imaginemos el tamaño de lo que viene: será uno de los componentes más costosos y difíciles, desatará ante todo los demonios políticos de los gobernadores y de los directivos de cultura de los estados.

 

Sin embargo, desde mi campo de análisis, se tiene oportunidad de innovar. Considero que se puede prescindir de la DGVC y de las mismas delegaciones. Con un buen marco legal, es factible dejar funciones y recursos bajo la corresponsabilidad de las distintas áreas de la SEC que son capaces de coordinarse e interactuar sin ese virrey con aires de fiscal cultural de la federación que son los delegados (y que es la aludida dirección general).

 

Hay otras intervenciones cruciales. En el ámbito editorial se cuenta con la Dirección General de Publicaciones (DGP), con el Fondo de Cultura Económica (FCE, un organismo-empresa descentralizado) y con las paraestatales Impresora y Encuadernadora Progreso, y la distribuidora y comercializadora de libros y otros productos culturales, Educal. El FCE bien puede hacerse cargo de las tareas tanto de la DGP como de Educal, y así conformar otro nodo gigantesco de la SEC. Esto fortalecería el acuerdo con las grandes y pequeñas casas editoriales y libreras a efecto de favorecer un nicho de negocio competitivo.

 

Aún hay más, amigos. Ha sido un desatino de política pública mantener la red de bibliotecas en la férula del Consejo. Ello explica en buena medida el fracaso tanto de la red en su conjunto, como de casos emblemáticos como la Megabiblioteca de Lindavista, el santo y la seña de Vicente Fox y Sari Bermúdez. En su transversalidad, corresponde al sistema educativo, a la escuela, generar el hábito de la lectura, el empleo de los acervos, la alfabetización digital y la animación cultural que concitan. Una futura SEC podrá apoyar de muchas formas, pero no debe ser más la responsable directa de los acervos bibliográficos. Lo que propongo no es un desmembramiento, sino devolver las bibliotecas a la estructura central de la SEP, una labor que no debió abandonar y que, al no reclamarla, profundiza la falta de lectores, el analfabetismo funcional y la carencia de mercado del libro.

 

Dentro de la constelación del Conaculta resalta otra paraestatal, la Compañía Operadora del Centro Cultural y Turístico de Tijuana (Cecut). Se trata de una S.A de C.V que tiene 33 años, es decir, se puso en marcha en el último tramo del gobierno de José López Portillo. Un debate ha estado presente en torno al Cecut: si la empresa debe transferirse al gobierno del estado de Baja California o seguir bajo el control del Consejo. Preferimos lo primero siempre y cuando también se elabore un estudio que despunte en el nuevo modelo de empresa cultural. En suma, después de tres décadas, el centro tiene tres alternativas: se transfiere al gobierno del estado, se constituye como empresa sustentable y socialmente responsable, o mejor se convierte en una dependencia más de la SEC.

 

Otras direcciones del Consejo merecen cirugía: Comunicación Social, Asuntos Jurídicos, Relaciones Laborales, la que concentra a los asesores, la de Administración -renglón tan desprestigiado- y sobre todo la de Asuntos Internacionales. Corresponde meditar con sumo cuidado los territorios de la Secretaría de Relaciones Exteriores y los de la SEC. Me inclino por fortalecer a la cancillería en todos sus frentes.

 

Al seguir esta disección, diremos que en lo referente a los secretarios Ejecutivo y Cultural y Artístico, al funcionar como suerte de subsecretarías, tendrá que serlo una y la otra será la Oficialía Mayor. Como podrá apreciarse, hacer surgir un nuevo despacho es una labor que demanda compromiso con el futuro del país, y como diría el expresidente colombiano Álvaro Uribe, “mano firme y corazón grande”.

 

 


Es egresado de la carrera de Comunicación de la UAM Xochimilco, con Especialidad en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la UAM Iztapalapa. Ejerce el periodismo desde 1980 en distintos diarios y revistas, como también la gestión cultural en diversidad de instituciones. Ha desplegado una amplia labor de análisis de la diplomacia cultural, de las políticas culturales, de la economía cultural, de las empresas culturales y en la formación de emprendedores culturales.

En su trayectoria destaca su desempeño como agregado cultural en las embajadas de México en Chile y Colombia, cuyo gobierno le condecoró con la Medalla al Mérito Cultural. Cuenta con dos obras que reúnen una parte de su quehacer como analista, reportero y cronista: Desde la frontera norte (UAM-Iztapalapa, 1991) y Del mismo cuero salen las correas (UAM-Xochimilco, 2002). La editorial colombiana Común Presencia publicó el volumen de prosas poéticas Saldo a favor (2005).

Es coautor del estudio Políticas culturales en México, 2006-2020, coordinado por Eduardo Nivón (Editorial Porrúa, 2006). Coordinó las obras Diplomacia y cooperación cultural de México: una aproximación, obra pionera en su ámbito (UNICACH/UANL, 2007); 1968-2008. Los silencios de la democracia (Editorial Planeta, 2008), serial de entrevistas que abordan la situación de los medios de comunicación en el país; Economía cultural para emprendedores. Perspectivas (UAM/UANL, 2010), obra también sin precedente en el campo y es coordinador al lado de Carlos A. Lara González de 1988-2012. Cultura y transición (UANL/ICM, 2012), obra que por vez primera ofrece una visión sectorial de 24 años.

En junio de 2009 creó en la UAM Xochimilco el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), del cual es coordinador. Desarrolla una amplia tarea como consultor. En esta línea de trabajo destaca la coordinación del Programa Sectorial de Cultura de Oaxaca 2011-2016. También ha realizado análisis económicos del Festival Internacional Cervantino y del Centro de Cultura Digital, en momentos del Conaculta.

En 2011 apareció el epistolario y a la vez reportaje novelado Colombia tiene nombre de mujer, en coedición de Ediciones Sin Nombre y la UANL. Participa del Proyecto ¿Cómo vamos ciudad de México? del periódico El Universal. Su obra más reciente como coordinador es TLCAN/Cultura ¿Lubricante o engrudo? Apuntes a 20 años (UAM/UANL, 2015) y es coautor de Una nueva diplomacia cultural para México, coordinado por César Villanueva (UIA, 2015).

Su obra más reciente como autor es Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016). Actualmente es Jefe del Centro de Extensión Educativa y Cultural Casa Rafael Galván Maldonado de la UAM.