Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente
16-10-2017 19:14:12

Secretaría de Cultura: ¿a favor de las empresas culturales?


Para fines de la Administración Pública Federal, la futura Secretaría de Cultura (SEC) será “cabeza” de sector, es decir, dejará de ser subsector dentro de la SEP. Hemos señalado que desde una visión economicista, en realidad se constituirá como subsector, que denominaremos subsector del Estado cultural (de nombre gestión pública en actividades culturales, según el INEGI). En el diseño de la reforma cultural que promovemos, hay dos subsectores más: el de las micro, pequeñas, medianas y de las grandes empresas culturales (mipymes), y el que agrupa a las instituciones de educación superior, las instituciones sin fines de lucro y a los organismos de cooperación-coproducción internacional.
 

 

La SEC tiene, en el segundo subsector, retos de enorme calado, pues a diferencia de una reordenación del subsector de Estado cultural, que depende de la voluntad del Poder Ejecutivo y de la responsabilidad del Poder Legislativo, en este vasto campo se concentra la mayor parte de la actividad económica de la cultura. Es decir, confluyen los intereses de los particulares, de los agentes privados y su amplia diversidad de formas de organización y funcionamiento.

 

Como sabemos, el mercado cultural tiene algunos de sus engranes legales en la Secretaría de Hacienda, en el SAT, en la Secretaría de Economía, en el INEGI, en el INADEM, en la banca de desarrollo y en la Ley para el Desarrollo de la Competitividad de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa. Y si nos remitimos a las entidades federativas y especialmente al Distrito Federal, podremos observar la complejidad que se nos plantea para la formulación de nuevos paradigmas que potencien la economía cultural y las empresas culturales.

 

De esta manera, la Secretaría de Cultura debe incidir en la reorientación del conjunto de las políticas económicas para que las mipymes culturales obtengan el rango legal y de política pública que bien (se supone) han ganado. Vaya, para comenzar baste decir que es imperativa la definición del marco conceptual, pues es sabido que a la larga nos perjudica transitar sin ton ni son entre nociones como empresa cultural, industria cultural e industria creativa.

 

Es importante subrayar este carácter estratégico de una SEC. No se trata de que el nuevo despacho vulnere funciones de otras dependencias que fomentan el desarrollo económico. Es indispensable se convierta en aliada, en palanca y en organismo corresponsable, con el propósito de impulsar las reformas legales que se requieren, tanto como para facilitar el acceso a la capacitación, a los procesos de innovación, de competencia, de injerencia en los tratados comerciales y de acceso al crédito.

 

Hay que insistir en que esta tarea no es asunto menor. Si la SEC no se concibe como un agente económico de notable influencia, si no entiende el carácter mixto de sus funciones, y que es por naturaleza el mejor interlocutor para accionar ante numerosos intereses de los agentes privados, se perderá la posibilidad de hacer de la economía cultural el motor que tanto se le atribuye puede ser para el desarrollo.

 

Tal postura tiene entre otros soportes, la noción del mercado interno. Un sistema que es y seguirá siendo de micros y de pequeños empresarios. Ante un fuerte componente de importaciones culturales, un escaso margen de exportación y el dominio de unas cuántas grandes empresas (Televisa, Cinépolis, CIE), el universo mipyme se torna en el fiel de la balanza para la generación de riqueza, de empleo y de equilibrios comerciales. Tal y como sucede en otros sectores productivos.

 

Una Secretaría de Cultura no puede permanecer ajena a las dinámicas enunciadas. Reducirla al más o menos cómodo manejo del subsidio, a la visión asistencialista, a la rendición de cuentas sin criterios de rentabilidad, lejos de la innovación y la competitividad, sólo tendrá un fruto: preservar en la precariedad laboral a quienes generan buena parte de nuestra cultura.

 


Es egresado de la carrera de Comunicación de la UAM Xochimilco, con Especialidad en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la UAM Iztapalapa. Ejerce el periodismo desde 1980 en distintos diarios y revistas, como también la gestión cultural en diversidad de instituciones. Ha desplegado una amplia labor de análisis de la diplomacia cultural, de las políticas culturales, de la economía cultural, de las empresas culturales y en la formación de emprendedores culturales.

En su trayectoria destaca su desempeño como agregado cultural en las embajadas de México en Chile y Colombia, cuyo gobierno le condecoró con la Medalla al Mérito Cultural. Cuenta con dos obras que reúnen una parte de su quehacer como analista, reportero y cronista: Desde la frontera norte (UAM-Iztapalapa, 1991) y Del mismo cuero salen las correas (UAM-Xochimilco, 2002). La editorial colombiana Común Presencia publicó el volumen de prosas poéticas Saldo a favor (2005).

Es coautor del estudio Políticas culturales en México, 2006-2020, coordinado por Eduardo Nivón (Editorial Porrúa, 2006). Coordinó las obras Diplomacia y cooperación cultural de México: una aproximación, obra pionera en su ámbito (UNICACH/UANL, 2007); 1968-2008. Los silencios de la democracia (Editorial Planeta, 2008), serial de entrevistas que abordan la situación de los medios de comunicación en el país; Economía cultural para emprendedores. Perspectivas (UAM/UANL, 2010), obra también sin precedente en el campo y es coordinador al lado de Carlos A. Lara González de 1988-2012. Cultura y transición (UANL/ICM, 2012), obra que por vez primera ofrece una visión sectorial de 24 años.

En junio de 2009 creó en la UAM Xochimilco el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), del cual es coordinador. Desarrolla una amplia tarea como consultor. En esta línea de trabajo destaca la coordinación del Programa Sectorial de Cultura de Oaxaca 2011-2016. También ha realizado análisis económicos del Festival Internacional Cervantino y del Centro de Cultura Digital, en momentos del Conaculta.

En 2011 apareció el epistolario y a la vez reportaje novelado Colombia tiene nombre de mujer, en coedición de Ediciones Sin Nombre y la UANL. Participa del Proyecto ¿Cómo vamos ciudad de México? del periódico El Universal. Su obra más reciente como coordinador es TLCAN/Cultura ¿Lubricante o engrudo? Apuntes a 20 años (UAM/UANL, 2015) y es coautor de Una nueva diplomacia cultural para México, coordinado por César Villanueva (UIA, 2015).

Su obra más reciente como autor es Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016). Actualmente es Jefe del Centro de Extensión Educativa y Cultural Casa Rafael Galván Maldonado de la UAM.