Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente
16-10-2017 19:09:18

¿Quieren que se los cuente otra vez?

 

Conocer el comportamiento del sector cultural, con mayor actualidad que la ofrecida por la Cuenta Satélite, es asunto por lo demás complicado

 

Contar cultura es un desafío de máscara contra cabellera. De rudos contra técnicos. La firma PwC, estima que en 2016, lo que llaman “Industria del entretenimiento y medios”, generó en México alrededor 415 mil millones de pesos (mmdp). En tanto el INEGI, en la actualización de la Cuenta Satélite de Cultura a 2014, situó la aportación al PIB en 2.8%, un flujo de 450 mil millones dp a precios básicos; un monto en oferta y utilización de bienes y servicios culturales de 694 mil millones y un gasto cultural de 549 mil millones dp. Tres marcas en el radar oficial del sector.

 

La PwC tienen como insumo el Global Entertainment and Media Outlook 2016-2020. No revelan sus entrañas, pero desagregan al menos 15 variables de los negocios de la industria. Desde la delimitación básica de la economía cultural, toda ellas comprometen un insumo fundamental en el sector: la creatividad y su mediación. Agrego otro: la protección legal. Uno más: los valores simbólicos, el despliegue social. Entre las actividades que más aportan a los ingresos están acceso a internet, con 138 mil millones de pesos; televisión y video con 87 mil millones; publicidad en TV con 41 mil millones y periódicos con 23 mil millones de pesos.

 

Destaca PwC los libros y el cine con poco más de 15 mil millones de pesos cada nicho; videojuegos con 11 mil millones; radio con 10 mil millones; revistas con 9 mil millones; música con 7 mil millones y conciertos con 4 mil millones de pesos. La industria, según PwC, sumó 22 mil 800 millones de dólares. Por adicionar valores a mi cuento, según informes de la revista Expansión, en 2015 el valor de la inversión en comunicación y marketing fue de 170 mil millones de pesos. Todo el segmento de publicidad sumó 80 mil millones. Por su parte, Televisa informó a El Economista en febrero pasado, que sus ventas en 2016 las estimó en 89 mil millones de pesos.

 

En efecto, es todo un cuento. Una compleja coreografía numérica. Es evidente que la Cuenta Satélite tiene una metodología y no permite comparaciones a rajatabla. Pero en estas cuentas se hacen más evidentes los asegunes de las fronteras conceptuales y técnicas. Tenemos un coctel que compromete el insumo creativo en franjas de entretenimiento, cultura, esparcimiento, recreación. El “mix” se hace presente en el sector delineado por el INEGI, tanto como en la visión de PwC, de Expansión y de Televisa.

 

De los 450 mil millones de pesos que consigna a 2014 la Cuenta Satélite de Cultura, atribuye el 15.2% a los medios audiovisuales, es decir, alrededor de 66 mil millones de pesos. La comparación sirve para ampliar las dudas ¿qué se debe contar y qué no como parte de un sector como el de cultura? Agreguemos como respuesta que, a la luz del INEGI, para efectos de distribución del PIB, las actividades de artes plásticas y fotografía (0.7%), música y conciertos (0.9%), libro, impresos y prensa (6.6%) y de artes escénicas y espectáculos (6.9%), dan 15.1%, un punto menos que los medios audiovisuales. En abundancia, las artesanías y juguetes tradicionales aportaron ¡20.3%!, en tanto lo que INEGI designa gestión pública en actividades culturales (gasto público) dio ¡3.7%! La composición no deja de ser extraña.

 

Para PwC, la Tasa de Crecimiento Anual Compuesto de la industria fue de 5.1% en ese 2016, mientras que el PIB cultural ha oscilado entre 2008 y 2014 entre 2.7 y 2.8% (de 326 mil millones de pesos a 450 mil millones). Por otro lado, al repasar el PIB nacional, en este sexenio ha ido de 1.36% en 2013 al 2.30 del año pasado. Así las cosas, el denominado sector cultural sostiene un ritmo, no cae, crece discretamente. Tampoco se contrae el de la industria del entretenimiento.

 

No pocos podrán darse satisfechos. El tutifruti da buenas cuentas y cuentos. Muchos rounds. Cada quien sus números hasta que entiendan que es mejor ponerse deacuerdo. Necesitamos se cuente de nuevo.

 


Es egresado de la carrera de Comunicación de la UAM Xochimilco, con Especialidad en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la UAM Iztapalapa. Ejerce el periodismo desde 1980 en distintos diarios y revistas, como también la gestión cultural en diversidad de instituciones. Ha desplegado una amplia labor de análisis de la diplomacia cultural, de las políticas culturales, de la economía cultural, de las empresas culturales y en la formación de emprendedores culturales.

En su trayectoria destaca su desempeño como agregado cultural en las embajadas de México en Chile y Colombia, cuyo gobierno le condecoró con la Medalla al Mérito Cultural. Cuenta con dos obras que reúnen una parte de su quehacer como analista, reportero y cronista: Desde la frontera norte (UAM-Iztapalapa, 1991) y Del mismo cuero salen las correas (UAM-Xochimilco, 2002). La editorial colombiana Común Presencia publicó el volumen de prosas poéticas Saldo a favor (2005).

Es coautor del estudio Políticas culturales en México, 2006-2020, coordinado por Eduardo Nivón (Editorial Porrúa, 2006). Coordinó las obras Diplomacia y cooperación cultural de México: una aproximación, obra pionera en su ámbito (UNICACH/UANL, 2007); 1968-2008. Los silencios de la democracia (Editorial Planeta, 2008), serial de entrevistas que abordan la situación de los medios de comunicación en el país; Economía cultural para emprendedores. Perspectivas (UAM/UANL, 2010), obra también sin precedente en el campo y es coordinador al lado de Carlos A. Lara González de 1988-2012. Cultura y transición (UANL/ICM, 2012), obra que por vez primera ofrece una visión sectorial de 24 años.

En junio de 2009 creó en la UAM Xochimilco el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), del cual es coordinador. Desarrolla una amplia tarea como consultor. En esta línea de trabajo destaca la coordinación del Programa Sectorial de Cultura de Oaxaca 2011-2016. También ha realizado análisis económicos del Festival Internacional Cervantino y del Centro de Cultura Digital, en momentos del Conaculta.

En 2011 apareció el epistolario y a la vez reportaje novelado Colombia tiene nombre de mujer, en coedición de Ediciones Sin Nombre y la UANL. Participa del Proyecto ¿Cómo vamos ciudad de México? del periódico El Universal. Su obra más reciente como coordinador es TLCAN/Cultura ¿Lubricante o engrudo? Apuntes a 20 años (UAM/UANL, 2015) y es coautor de Una nueva diplomacia cultural para México, coordinado por César Villanueva (UIA, 2015).

Su obra más reciente como autor es Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016). Actualmente es Jefe del Centro de Extensión Educativa y Cultural Casa Rafael Galván Maldonado de la UAM.