Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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23-09-2017 08:13:09
Eduardo Cruz Vázquez

La plaza culturosa


Desayuno con Aristóteles


Eduardo Cruz Vázquez
 

 

Al caminar por la plaza, al fin alcanzo a Aristóteles. Si bien desde que lo designaron como Jefe del Sistema de Administración Tributaria (SAT), era imposible dejar de verlo, de enterarse de sus decires y acciones para eso que llama recaudación fiscal, tuvo que pasar mucho tiempo para sentarlo a desayunar con el GRECU de la UAM.

 

Muchos hacemos paella con una idea que suena exquisita: una política fiscal para el sector cultural. Pero jamás lo hacemos con fiscalistas o con personalidades expertas en el campo. No por sentirnos muy acá. Es porque esas lumbreras andan bien lejos de eso que creemos es nuestro menester guisar. Si nos va bien, parlamos con algún abogado o economista descarriado. Por años, ha sido un sueño guajiro abordar con visión sectorial el tramado de la economía cultural y la política fiscal.

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La plaza culturosa 

Las andanzas de Paty Chavero

 

Al caminar por la plaza, me digo que no puede ser otra sonrisa que la de Paty Chavero (sí, tiene un no sé qué). Mi queridísima colega de bancada en el GRECU de la UAM Xochimilco. Su segundo nombre es Georgina y el apellido materno, Gómez, es decir, muy gallarda su pronunciación. Estudió la licenciatura en Literatura Dramática y Teatro en la UNAM y acaba de obtener el grado de Maestra en Sociología en la Universidad Iberoamericana. Es parte del Centro de Investigación Teatral del INBA y es toda una activista. Qué combo.

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Por un Programa Cultural para Presupuesto Precario (PCUPP)

 

La queja de la insuficiencia presupuestal para el aún Subsector de Cultura y Arte de la SEP, es decir, el Conaculta y los numerosos organismos que coordina, ya no es suficiente para una posible rectificación. Es importante conocer a mayor profundidad cómo se estructura el gasto y cómo se ejerce.

 

Esta es una responsabilidad pública que no debería ser objeto de una solicitud de transparencia. En las comisiones de cultura del Senado y la Cámara de Diputados tendría que ser ordinario que al menos una vez al año comparecieran para este fin los funcionarios del subsector. Como debería ser parte de una política de rendición de cuentas facilitar oportunamente el conocimiento de los programas de trabajo, de su integración y de sus resultados, más allá de la formalidad con el que se entregan de manera rutinaria a las autoridades superiores y de pronto, según los humores, a la opinión pública.

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Secretaría de Cultura: la danza de los millones


Hemos señalado que “vender” la idea de una Secretaría de Cultura (SEC) que no impondrá gastos, es o una postura ingenua o un despropósito político. Va a costar. Imposible decirlo en millones de pesos y en tiempo calendario, ya que elaborar ese presupuesto y el cronograma, demanda información a la que no tenemos acceso. Y requiere de tomar decisiones que comprometen personas e innumerables variables materiales. Sin duda una fascinante y compleja responsabilidad para todos los involucrados en el proceso.

 

A lo que podemos acceder para darnos una idea de la danza de los millones alrededor de la futura SEC, son a las cifras que entrega la Cuenta Satélite de la Cultura de México (CSCM) del INEGI (Serie 2008- 2012. Año base 2008). Es una buena información en la que no se ha reparado. Supone una veracidad en cuanto a montos ya erogados, ejercidos, contabilizados, hasta filtrados por la autoridad para fines estadísticos. Y tienen el valor de colocarse en la realidad del mercado.

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Secretaría de Cultura: ¿a favor de las empresas culturales?


Para fines de la Administración Pública Federal, la futura Secretaría de Cultura (SEC) será “cabeza” de sector, es decir, dejará de ser subsector dentro de la SEP. Hemos señalado que desde una visión economicista, en realidad se constituirá como subsector, que denominaremos subsector del Estado cultural (de nombre gestión pública en actividades culturales, según el INEGI). En el diseño de la reforma cultural que promovemos, hay dos subsectores más: el de las micro, pequeñas, medianas y de las grandes empresas culturales (mipymes), y el que agrupa a las instituciones de educación superior, las instituciones sin fines de lucro y a los organismos de cooperación-coproducción internacional.
 

 

La SEC tiene, en el segundo subsector, retos de enorme calado, pues a diferencia de una reordenación del subsector de Estado cultural, que depende de la voluntad del Poder Ejecutivo y de la responsabilidad del Poder Legislativo, en este vasto campo se concentra la mayor parte de la actividad económica de la cultura. Es decir, confluyen los intereses de los particulares, de los agentes privados y su amplia diversidad de formas de organización y funcionamiento.

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Secretaría de Cultura: la bomba laboral, el Auditorio Nacional, el Fonart y más


Otro factor de conflicto asoma en los renglones torcidos del Conaculta que se plantea convertir en Secretaría de Cultura (SEC): el Servicio Profesional de Carrera (SPC) y la abultada nómina de personal bajo contratación temporal –ya sean por honorarios, por sueldos asimilados a salarios o por proyecto-. Esta mezcla laboral detona desde hace lustros numerosos polvorines que son en realidad una bomba de tiempo por sus implicaciones de seguridad social, de retiro y de acceso a pensión.

 

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Secretaría de Cultura: la tijera inevitable

 

Este breve recorrido en torno a las implicaciones de crear una Secretaría de Cultura (SEC), señala las dimensiones que el Conaculta ha alcanzado en la Administración Pública Federal: el de una secretaría de Estado. Nuestro afán de dimensionar los alcances de un nuevo despacho del Poder Ejecutivo, pone en relieve la enorme tarea y las decisiones que se deben tomar si en verdad se quiere hacer una reforma cultural.

 

Resultará ingenuo o un despropósito –por no decir burla- que las autoridades y los propios actores del sector cultural desestimen tres acciones que se imponen e intercalan: la reducción/compactación de estructuras, la quita de personal en algunas dependencias así como la readscripción o creación de nuevas plazas tanto para empleados de confianza como para sindicalizados. No es posible en este momento ponerle número a estas medidas, pero se entienden desde la labor organizativa y no desde una actitud deliberada de vulnerar la institucionalidad o la de disminuir las oportunidades de trabajo en la futura SEC.

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Secretaría de Cultura: ¿un poder en medios?

 

Durante años, distintas voces, propusieron que fuera una Secretaría de Cultura y Comunicación. Ahora, la iniciativa de crear la Secretaría de Cultura (SEC), tiene otro enorme desafío por resolver: su componente de medios de comunicación. Como en el caso de las reformas al FONCA, al INBAL y al INAH –expuestas en entregas anteriores- o se va a fondo o se compromete el futuro de muchas generaciones que ven en el aparato institucional una alternativa de responsabilidad social, de trabajo y despliegue creativo.

 

En el tramado de la propuesta de reforma cultural, y de aprovecharse los espacios generados por la reforma en telecomunicaciones, tanto o más se puede hacer con el aparato mediático del Conaculta. Aplicar esta reestructuración no se contrapone al aún en ciernes Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano; es más, no resulta desproporcionado que este sistema tenga una mayor interdependencia con la SEC. Reconfigurar el aparato mediático del Conaculta es dejar atrás el control que, junto con la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) y otras áreas de la Secretaría de Gobernación (Segob), se tienen sobre los medios del Estado y de los medios privados y extranjeros. Es dejar atrás la función casi policíaca de la Segob, para reconocer al fin, la función pública de la comunicación. Por ejemplo, la calificación/clasificación de las películas y de publicaciones: éstas y otras funciones debieron ser facultadas al Conaculta, como en su momento se logró con la Cineteca Nacional. Toca pasen a la SEC.

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Secretaría de Cultura: una batalla por el INAH

 

Si hay alguna reforma estructural que reviste suma complejidad es la del INAH y su andamiaje legal. No hay acervo de valor simbólico y a la vez de economía cultural que mueva más intereses y enconos que el patrimonio que es responsabilidad de la institución. Es equiparable a la cadena de valor que envuelve al petróleo y a la generación de energía. Meterse en esta reforma de la reforma es la parte más difícil de la creación de una Secretaría de Cultura (SEC), con aristas tan sensibles como las que encontramos en apartados de las reformas política, electoral, en telecomunicaciones, energética, laboral, financiera y hacendaria. Diré, sin exagerar, que es la madre de toda las batallas para lograr –de alguna manera- una reforma cultural.

 

Si en verdad se desea una SEC moderna, hay que animar la aspiración de una nueva consistencia orgánica al INAH. Hay políticas, entidades y modelos de administración que, dispersos en el Conaculta, deben transferirse al instituto. Este ajuste implica abrir la puerta a una plataforma para intentar discutir —sin la rabia habitual— el rol del Estado y de otros actores sociales en la viabilidad del patrimonio como activo del desarrollo, así como lo referente al Contrato Colectivo de Trabajo. Es decir, tanto como en otros componentes de una reforma cultural, poner a trabajar en serio al Poder Legislativo.

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Secretaría de Cultura: la nueva estructura

Como parte de la propuesta de una reforma cultural, he abordado la necesidad de reconfigurar lo que hoy conocemos como sector cultural. Hasta ahora, sin existir formalmente, su mejor grado de estructuración es a través de la Cuenta Satélite de la Cultura de México, que inició el INEGI en enero de 2014 (ciclo 2008-2012). Recordemos que de los 20 sectores que existen en el Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (SCIAN), 9 tienen que ver con cultura.

 
Si bien entiendo que modificar el SCIAN es poco atractivo –un profundo, caro y espinoso trabajo amén de sus implicaciones con los sistemas de los Estados Unidos y Canadá- al menos por razones funcionales (para casos como la Cuenta Satélite) debería adoptarse la comprensión del sector cultural de manera diferente. Lo que propongo es crear como tal el sector y dividirlo en tres subsectores: el subsector del Estado, el subsector de las mipymes y grandes empresas culturales y el subsector que agrupe las actividades de las instituciones de educación superior, de las instituciones sin fines de lucro y de los organismos de cooperación-coproducción internacional.

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Secretaría de Cultura: cirugía de alto riesgo

 

Eduardo Cruz Vázquez

 

Me parece normal que la mayoría ignore las implicaciones legales y administrativas de crear una nueva secretaría de Estado. Esto se ha hecho evidente al ventilarse la iniciativa de decreto para reformar la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, la cual, por lo demás, es incompleta e inconsistente. Aún cuando los operadores del gobierno lo intenten ocultar (incluyendo en ellos a los legisladores priistas y sus adherentes), se trata de una cirugía mayor a ese cuerpo múltiple y deformado que se llama subsector de Cultura y Arte de la SEP, es decir, el Conaculta.

 

Como en las intervenciones de alto riesgo, o el equipo de cirujanos hace bien su trabajo o el fracaso conducirá a ese ser a una suerte de estado vegetativo. Y si se levanta y camina, será con peores males de los que tenía. Así entiendo la labor de reformar el papel del Estado en la cultura: se hace bien todo desde el principio o la condena será mayor para las próximas generaciones. A los amantes de lo inmediato no les gustará esto: los resultados de una Secretaría de Cultura (SEC) bien instrumentada se verán en dos o tres sexenios.

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Secretaría de Cultura: de la restauración a la perpetuidad

 

He sostenido que el regreso del PRI a Los Pinos, tras 12 años de panismo presidencial, trajo una natural restauración del programa cultural, del proyecto fundado y sostenido por una visión nacionalista de la política cultural. No se fue del todo en esos dos sexenios y la reposición de Rafael Tovar en la titularidad del Conaculta, ya con tres años de gestión a cuestas (casi once años en tres gobiernos) confirma el alcance histórico del proceso.

 

En esa perspectiva, la creación de la Secretaría de Cultura (SEC) es una decisión mucho más profunda de lo que parece, una reingeniería institucional para consolidar la responsabilidad gubernamental. No vayamos muy lejos para comprender lo que enfrentamos. En el artículo “Lesiones de historia patria: el nacionalismo (Milenio, 21 de Agosto de 2012), Héctor Aguilar Camín escribió: “(…) Ha sido una de las pasiones de México (…). Cohesionó, le dio sentido de país y orgullo de comunidad, pero también le cerró los ojos, estimuló su provincianismo, lo llenó de mentiras exaltadoras. En el camino de la construcción nacionalista mexicana se han acumulado muchas mentiras fundadoras, constitutivas de nuestros orgullos nacionales”.

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Cine Tonalá en Bogotá

Varias veces he repasado con mi hija Mariana la transformación del negocio del cine. Hace unos días abordamos al tema nada menos que en el edificio del cine Avenida en la capital potosina. Su enorme sala es ahora el estacionamiento del restaurante La Nueva Parroquia. Y donde fue parte del vestíbulo, están la cocina y los comensales. Para larga impresión la estampa que aquí reproduzco: la taquilla que redondea la esquina, la frontera que establece la cortina y el hombre mayor que quizá rememora una clientela que hace mucho tiempo colmó las butacas y vaciaba su canasta.

En una arista de esa conversa con la hija, vino el éxito del Cine Tonalá que cumplió en estos días un año de operaciones en el barrio La Merced de Bogotá. El modelo de negocio del Cine Tonalá surgió hace casi tres años en la colonia Roma. Abrevó de exitosos casos como el Cinemanía de Plaza Loreto. Se trata de un espacio con una sala íntima y cómoda, un buen restaurante-bar y otros servicios como exposiciones, talleres y conciertos.

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Veracruz: el puerto de los negocios culturales

 

Una larga aspiración se cristaliza. Reunir un grupo de empresarios culturales a hablar de negocios. A intentar responder una pregunta de aparente simplicidad: ¿Qué hacer para crecer en el sector cultural? Esto es posible gracias al Instituto Veracruzano de Cultura (IVEC) y el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU) de la UAM Xochimilco. Dicha reunión será del miércoles 15 al sábado 18, en el puerto veracruzano, en el exconvento Betlhehemita.

 

Como no es lo común enterarse de este tipo de listados, me parece indispensable mencionar las empresas culturales que se darán cita en este evento. Damos el nombre del propietario y/o directivo, el del negocio y la entidad donde opera.

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Canal 22: la utopía y la fragilidad

 

Recuerdo el entusiasmo que me causó la iniciativa y la forma en que se operó. El Presidente Carlos Salinas de Gortari, en el proceso de privatización de numerosas empresas del Estado, incluyó al Canal 22 como parte del paquete a comprar por Ricardo Salinas Pliego, es decir, de Imevisión.

 

Después de 24 años, pocos dudan de que como parte de su estrategia de vinculación con la comunidad cultural, Salinas acordó con Héctor Aguilar Camín y Carlos Monsiváis, reunir a intelectuales y artistas para solicitar al Gobierno Federal no vender la frecuencia. Y entregarla al Conaculta para su manejo. No en vano el primer director fue alguien ligado al grupo editor de la revista Nexos, José María Pérez Gay.

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Becas del FONCA: estimular la antropofagia

Una vez más, el anuncio de los estímulos del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA), nos permite reflexionar sobre la diversidad de polaridades económicas que se pueden advertir. No podemos conformarnos con el dictado de que el subsidio a la vida de los beneficiarios, pretende reducir el impacto de la precariedad laboral (y con ello la marginación social), ya que ante la lucha por la subsistencia, el impulso creador se pierde. Tampoco que con la entrega de recursos públicos a quienes son identificables por sus contribuciones a los procesos culturales del país, la sociedad les reconoce su invaluable (inauditable) aportación. Estas posturas convencionales –que por supuesto hay otras- han servido de escudo al aparato institucional y a quienes se benefician de dicha intervención, para la defensa de sus intereses y para evitar una evaluación objetiva de los resultados que se obtienen de dicho sistema.

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Sin más...Ver pasar leyes

 

Eduardo Cruz Vázquez

 

En medio de tanta incomodidad, el Presidente Enrique Peña Nieto y no pocos de sus cercanos colaboradores, se sienten contentos, diría en paz, con los asuntos de la ciencia, la tecnología y la innovación. Ese operador que se llama Bolívar Zapata, con senda coordinación a su cargo en Los Pinos, ha logrado en estos años que la comunidad científica y el Conacyt sean habitantes en plenitud en la estructura de poder.

 

Cosa que ni por asomo ha ocurrido con el Conaculta. Carente de operadores, lejos de los reflectores del Titular del Ejecutivo y ajeno a los afectos del gabinete. Inmerso en no pocos conflictos con el secretario de Educación Pública, mucho más castigado con los recortes presupuestales y con una comunidad cultural indiferente, el organismo cultural ve pasar leyes... sin más.

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Soy Totalmente Chatarra

 

Me tocaron las monedas de cobre. Con una de 20 centavos, hacia 1968, después de la comida, hacía actos de magia. No olvido que podía adquirir dos chicles Canguro, dos doblones de oro de chocolate y dos caramelos Bocati. Ello independientemente del dulce que preparaba mi madre: pudín de vainilla, entre mis predilectos. Eso sí, tal banquete energético sólo me era accesible si no dejaba ni sobras en los platos de los tres tiempos: sopa aguada, sopa seca y guisado. El agua para comer variaba: de limón la mayoría de veces, otras de tamarindo o jamaica. Cierto, otro tesoro poblaba el refrigerador: la Coca Cola tamaño grande, la cual se reservaba para las cubas de mis padres y para saciar la sed de los hermanos mayores...

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De gastos en el Puerto de Veracruz


Nieve de limón con helado de mamey, dos sabores por 27 pesos en la nevería güero-güero, para andar por el malecón a 30 grados (quién se puede dejar cabulear si los neveros gritan como chachalacas). Allá atrás el pobre San Juan de Ulúa rodeado de contenedores. En un recodo, en suerte de alberca, media docena de niños divierten a quienes les arrojan monedas al mar escarchado de popotes, botellas de Coca Cola y vasos variopintos. Juguetones, recios, morenos, negados a dar sus nombres, piden denominaciones de 10 y 5 pesos. Vuelan los escudos nacionales de diferentes tamaños, se echan el clavado y los que pescan guardan el tesoro en la boca. Mientras más cachetones, más monedas. Ahí, ensalivados, mis 25 pesos.

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El Ministro de la Información

 

El 29 de enero murió uno de mis grandes amigos: Miguel Hernández Olvera, mi querido y admirado Ministro de la Información. Se fue envuelto en los periódicos y revistas que tanto amó. De su estirpe, era quizá el único sobreviviente. Un hombre que por más de tres décadas dedicó su empeño a elaborar un instrumento de trabajo invaluable: la síntesis informativa. Primero en la Subsecretaría de Cultura y luego -hasta el último día de su existencia- en el Conaculta.

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Turismo cinegético: a contrapelo


Quienes me conocen, dirán si he cumplido el propósito de no tomar posiciones radicales. Tanto en la vida como en el periodismo. Refiero a cuando se trata de descalificar, como al asumir la defensa en asuntos de enorme fragilidad. Un caso, la religión. Otro, el ecosistema. Estos dos campos humanos dan para ruleta rusa, para viaje en tobogán, para jornadas de esgrima y para violencia de todo tipo.

 

En estos escenarios sociales que son también generadores de fronteras (mentales, simbólicas, físicas), el turismo cinegético o llanamente la cacería, tiene años de moverse en la sombra. No por ello ha sido, es y será una práctica cultural no exenta de creatividad. Y con un dinamismo económico. Así lo revela el reportaje "Turistas sigilosos", escrito por Alejandro de la Rosa en el número más reciente de la revista Expansión (abril 24, ejemplar 1164). Vale la pena revisar la información más relevante.

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Es egresado de la carrera de Comunicación de la UAM Xochimilco, con Especialidad en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la UAM Iztapalapa. Ejerce el periodismo desde 1980 en distintos diarios y revistas, como también la gestión cultural en diversidad de instituciones. Ha desplegado una amplia labor de análisis de la diplomacia cultural, de las políticas culturales, de la economía cultural, de las empresas culturales y en la formación de emprendedores culturales.

En su trayectoria destaca su desempeño como agregado cultural en las embajadas de México en Chile y Colombia, cuyo gobierno le condecoró con la Medalla al Mérito Cultural. Cuenta con dos obras que reúnen una parte de su quehacer como analista, reportero y cronista: Desde la frontera norte (UAM-Iztapalapa, 1991) y Del mismo cuero salen las correas (UAM-Xochimilco, 2002). La editorial colombiana Común Presencia publicó el volumen de prosas poéticas Saldo a favor (2005).

Es coautor del estudio Políticas culturales en México, 2006-2020, coordinado por Eduardo Nivón (Editorial Porrúa, 2006). Coordinó las obras Diplomacia y cooperación cultural de México: una aproximación, obra pionera en su ámbito (UNICACH/UANL, 2007); 1968-2008. Los silencios de la democracia (Editorial Planeta, 2008), serial de entrevistas que abordan la situación de los medios de comunicación en el país; Economía cultural para emprendedores. Perspectivas (UAM/UANL, 2010), obra también sin precedente en el campo y es coordinador al lado de Carlos A. Lara González de 1988-2012. Cultura y transición (UANL/ICM, 2012), obra que por vez primera ofrece una visión sectorial de 24 años.

En junio de 2009 creó en la UAM Xochimilco el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), del cual es coordinador. Desarrolla una amplia tarea como consultor. En esta línea de trabajo destaca la coordinación del Programa Sectorial de Cultura de Oaxaca 2011-2016. También ha realizado análisis económicos del Festival Internacional Cervantino y del Centro de Cultura Digital, en momentos del Conaculta.

En 2011 apareció el epistolario y a la vez reportaje novelado Colombia tiene nombre de mujer, en coedición de Ediciones Sin Nombre y la UANL. Participa del Proyecto ¿Cómo vamos ciudad de México? del periódico El Universal. Su obra más reciente como coordinador es TLCAN/Cultura ¿Lubricante o engrudo? Apuntes a 20 años (UAM/UANL, 2015) y es coautor de Una nueva diplomacia cultural para México, coordinado por César Villanueva (UIA, 2015).

Su obra más reciente como autor es Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016). Actualmente es Jefe del Centro de Extensión Educativa y Cultural Casa Rafael Galván Maldonado de la UAM.