Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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16-10-2017 19:04:30
¡Ay, Leonora, cómo se le nota lo cara!  

 

Eduardo Cruz Vázquez 

 

Me supongo que todo creador tiene, en un momento dado, la morbosa idea de llenarse de dinero. Pesos, Euros, Dólares. Los imagino adquiriendo su materia prima a bajo costo. Su ir y venir entre tiendas y proveedores que mejor precio le brinden a la inversión que les permitirá crear una obra bella, significativa y comerciable. Cuando Leonora Carrington concibió el cuadro Ancestor (1968), quizá pagó, a precios de 2015, unos mil pesos entre soporte físico y pinturas (en una de esas, le salió más caro el marco...). En ese entonces, su pintura se vendió en 20 mil pesos. Es decir, recobró la inversión, le ganó 90% y le ayudó a vivir dos meses. Para el año 2009, se le ocurrió (le sugirieron) que el bello conjunto surrealista Ancestor se plasmara en un juego de esculturas en plata con incrustaciones de Rubíes. Impactante. Entre la plata, las piedras rojísimas, la fundición y la tarea artesanal (es obvio que ella no la manufacturó) se habrá gastado unos 10 mil dólares. (No alcancé a preguntarle, pues Leonora murió en 2011). En la reciente Zona Maco, el galerista Óscar Román la ofertaba sobre la base de 80 mil dólares. Entonces ¿la creatividad vale alrededor del 90% de la obra? Sabrán los dealers, los coleccionistas, los estudiosos. Lo cierto es que la relación entre insumos o materia prima para la creación, dista del precio con el que sale la obra al mercado y mucho menos con el valor que adquiere con el tiempo. ¡Ay, Leonor, cómo se le nota lo cara!