Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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16-10-2017 19:03:39

Las dos caras de la industria fonográfica en México

 

Rafael Mendoza

Músico, productor e ingeniero en audio.

 

En México estamos acostumbrados a mirar la industria fonográfica con dos rostros diferentes. El más popular donde las estrellas y talentos alcanzan el éxito difundidos por la pantalla chica ante las masas y el vergonzoso que nos recuerda ser la cuarta potencia de piratería en el mundo.

 

No conocemos otro México posible para la industria fonográfica. Pero cuando nos referimos a los datos de la industria, estos rostros develan mucho más que alfombras rojas, premios Grammy y el regaño moral de comprar piratería.

 

La IFPI (International Federation of the Phonografic Industry por sus siglas en inglés) es la organización que representa los intereses de la industria fonográfica a nivel mundial. Representa a 1,450 compañías de registro en 75 países y cada año publica su reporte con cifras de consumo en ventas fonográficas.

 

La AMPROFON (Asociación Mexicana de Productores Fonográficos) es el socio representante de la IFPI en México.

 

De acuerdo al IFPI, en 2013, la industria sufrió un retroceso mundial con un desplome del 16,7% atribuido al mercado japonés, el segundo más grande del mundo. De esta forma, las ventas mundiales cayeron un 3,9% con un estimado de 15,000 millones de dólares.

 

A pesar de ello, el mercado de América Latina subió hasta consolidarse con el crecimiento de ventas digitales de 124% entre 2012 y 2013. Con ello, América Latina representa el 35% de ingresos mundiales como sector digital. Los mercados más grandes son Brasil y México que representan conjuntamente el 70% de los ingresos de la música grabada en Latinoamérica.

 

Pero las sorpresas no terminan aquí, México ascendió a la posición número 14 entre los 20 principales mercados mundiales con 135.4 millones de dólares en ventas.

 

Aunque tuvo un retroceso de -4,4%, se vio beneficiado por el desplome del mercado hindú de -15.9% que colocó a la India en el lugar número 19 de la tabla.

 

Las ganancias de 135.4 millones de dólares del mercado mexicano, se repartieron en un 50% sobre el mercado físico (CDs, DVDs, Singles y Promocionales), 47% en el mercado digital (descargas, ventas por streaming), 2% por derechos de interpretación (Performance Rights) y 1% por derechos de sincronización (temas usados en películas, TV y medios visuales).

 

Con estos datos, parecería que el mercado mexicano está a la alza y que se podrían pensar en un repunte para la industria fonográfica en México. El rostro del éxito a la vista.

 

Sin embargo, la realidad impacta severamente al sector y es aquí donde las cifras se invierten.

 

En 12 años (de 2000 a 2012), el disco compacto sufrió una caída de 558 mdd a 141 mdd. 76 millones de discos maquilados se redujeron en demanda a sólo 19 millones durante el mismo periodo.

 

Como muestra de ello, a fines de abril de este año, Sony cerrará su planta de maquilado en CD, DVD y BlueRay, en una decisión que toma 200 empleos directos para la industria.

 

La falta de oportunidades económicas dentro del segmento cultural obliga al músico o artista sonoro a buscar formas más económicas de fijar su idea creativa.

 

INDAUTOR reportó que solamente en el periodo enero-mayo de 2012, recibió 17,766 obras para registro. Se registraron 197 obras cinematográficas, 4216 obras musicales con letra y 633 musicales sin letra. Podemos decir que somos prolíficamente creativos.

 

Grabar a disco duro supone una forma sencilla y económica de grabación, pero resulta ineficiente y cara con la constante necesidad de ampliar la capacidad de disco duro debido a nuevos formatos de alta fidelidad. Actualmente es posible obtener una interfaz digital para grabar en un entorno casero por 300 dólares.

 

Estudios de grabación de todos tamaños han cerrado sus puertas por la falta de proyectos, liquidez y costos de actualización sobre los nuevos sistemas digitales.

 

Un ejemplo son las 3 actualizaciones del sistema PROTOOLS, estándar dentro de la industria que pasó de su versión 10 a la 12 en menos de 2 años con un costo promedio de 200 a 600 dólares por actualización, sin contar el incremento de requerimientos de 64 bits y sistemas con 16 GB en RAM o tarjetas de procesamiento que rondan los 1,500 dólares en promedio indispensables para el sistema.

 

Los incrementos en la energía eléctrica que se han triplicado los últimos 20 años han dejado fuera de combate a pequeñas productoras independientes.

 

No hay esquemas o productos financieros que sean compatibles con el sistema de economía cultural para sostener sus activos. Y con ello, van reduciendo las oportunidades laborales contratando a su personal por segmentos “freelancer”.

 

La piratería es otro tema que lastima profundamente la industria.

 

En abril de 2014, AMPROFON informó que por lo menos 4,5 millones de mexicanos han sido “piratas musicales digitales”.

 

De acuerdo a sus cifras, de 2000 a 2013, la caída de la venta de discos ha sido de 81,1% y solamente 1.8 millones de mexicanos baja música legal.

 

También informó que al año se bajan 6 mil millones de canciones “pirata” y que el nivel económico de los piratas es del 54% repartido en los niveles A, B y C, con un crecimiento del 2% anual. Es decir, los que más piratean tienen suficiente para no hacerlo.

 

El IMPI (Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial) es el encargado de crear la ejecutoria de soporte para confiscar piratería en protección del autor y marca.

 

Respalda a INDAUTOR de forma legal para confiscar laboratorios y productos pirata.

 

AMPROFON declara que aún así, sólo se decomisa el 0,4% de discos vírgenes que entran ilegalmente al país.

 

Educativa y culturalmente no existe un respeto por el derecho de autor, que es fundamental para impulsar los segmentos culturales.

 

INDAUTOR ha realizado en este sexenio solo dos talleres, pero carece de campañas publicitarias masivas. No ha publicado ningún estudio al respecto hasta la publicación de este artículo.

 

Las pocas campañas existentes se centran en detener la piratería más que en promover la educación sobre este particular.

 

Y la pregunta que queda al aire es ¿entonces cómo somos el país decimocuarto en consumo musical?

La respuesta está en contrastar los 5 artistas internacionales y nacionales más vendidos en México durante 2012 (formato digital).

 

Internacionales son Michel Teló (Sony Music), Reik (Sony Music), Psy (Universal Music), Adele (Sony Music) y Gotye (Universal Music).

 

Nacionales están Reik (Sony Music), Jesse & Joy (Warner Music), Vázquez Sounds (Sony Music), Yuridia(Sony Music) y Espinoza Paz (Universal Music).

 

Todos corresponden a disqueras transnacionales en las que se incluyen 3 de las 4 “majors” del Music Business. Sony Music, Universal Music, Warner Music y BMG-EMI se reparten el 87% del mercado mundial. Sólo un 13% le corresponden a disqueras independientes. En la lista BMG-EMI no aparece porque su mercado profundo se encuentra en Europa y Japón.

 

AMPROFON representa en su mayoría a las disqueras internacionales. Y la Sociedad de Autores y Compositores de México, ha creado en conjunto la SOMEXFON en un intento de recuperar regalías de las disqueras mayores entre los negocios comerciales, estaciones de radio por internet y servicios de streaming aplicando multas y presionando a la compra de licencias internacionales de artistas nacionales e internacionales que pertenecen a las “majors”. El rostro de la realidad es implacable.

 

No hay participación activa por parte de las organizaciones musicales, grupos de protección a derechos de autor, legislación y la ausencia de leyes que protejan los derechos a la cultura, hacen de México un paraíso para las disqueras transnacionales, en contraste de la producción nacional.

 

Hace falta mucho más que ventas y consumo para que la industria fonográfica se transforme en un mercado robusto que impulse el desarrollo creativo y cultural de México.

 

De nosotros depende seguir mirando a la industria en sus dos tradicionales rostros, o crear una nueva versión acorde diferente que nos transforme de consumidores a productores globales.