Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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23-09-2017 08:20:34

Esos empresarios culturales que ven

Eduardo Cruz Vázquez


Verlos caminar por el aeropuerto. Saber que viajan en autobús o en sus autos. Esa extraña maravilla del peregrinar de diferentes puntos del país hacia el Puerto de Veracruz. El movimiento de esas mujeres y hombres cuyo común denominador es hacer negocios culturales. Ser empresarios. Jugársela en esa selva llamada mercado cultural.

 

Ahí están en los jardines del exconvento Betlehemita, monumento que es también sede del Instituto Veracruzano de la Cultura. Se apretujan, se abrazan, cruzan entusiasmos y también cansancios. Han pasado casi 80 horas juntos. De un miércoles a esas horas del sábado. Sentados en torno a una mesa en forma de herradura. Con el aire acondicionado sin tregua, pues el calor y la humedad trastocan toda buena voluntad de ánimos, ropas y lociones.

 

Cada uno expuso en 15 minutos su negocio. Todo lo que cupiera en ese tiempo. Y tuvieron otros 15 para responder las inquietudes de sus pares, para aguantar las observaciones o para recibir propuestas de mejora, de complicidad comercial. Una intensa dinámica moderada por Bárbara Martínez, Roxana Quiahua, Manuel Lino y Antonio Mier, quienes fueron impecables en su labor. La mirada al lente de la cámara (y a uno que otro celular) confirma que el torbellino de información, de pareceres y perspectivas rindió frutos: quede en la memoria el grupo, el cónclave, la promesa de un gremio, el de los empresarios culturales.

 

Guárdese en digital y en impreso el porte directivo de Javier González, el estilo decidido del publirrelacionista Raúl Alfaro, la energía financiera de Marisol Herrera, la pasión librera de Sonia Verjovsky, el peso de la tradición familiar en Arturo Castelán, el impulso tecnológico de Aarón García, la avidez galerista de Saúl Ramírez, el afán escénico de Eric Porras y el aleteo de las manos de la ceramista Mariana Velázquez.

 

También déjese en amplio registro las capacidades gerenciales de Fernando Sánchez, la calidez de Marina Jiménez y Jorge Flores, el compromiso social de Raúl Domínguez, la seriedad de Miguel Ángel Espinosa, la búsqueda artesanal de Erika Blancas, la destreza operativa de More Barrett, la capacidad gestora de Verónica Rimada y la mirada aguda de Marissa Reyes.

 

Queden para lo que fue un laboratorio lleno de emociones la ingeniería artística de Verónica Alanís, el sello regio de Antonio Ramos, la sagacidad empresarial de Rodrigo Hernández, el temple porteño de José Piña, la vehemencia de Jaime Jícama y la serenidad de José Azanza.

 

Véase la fotografía también poblada por los rostros sonrientes, satisfechos, de operadores como Manuel Velázquez, Marcela Jiménez y Luis Miguel González. Y de otros colegas cuyo esfuerzo permitió ver culminada la reunión de empresarios culturales.

 

Se fueron 80 horas. Ahí tienen un retrato de la creatividad y de los negocios que encierra.