Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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16-10-2017 19:03:26

Las actividades artísticas en la educación básica privada

Rafael Mendoza

Tradicionalmente, se otorga un valor más significativo a la educación privada, puesto que se considera una elección de calidad, por encima de la educación pública. Las instituciones del Estado merecen un tratamiento aparte, puesto que basan sus oportunidades artísticas en políticas públicas.

En la educación básica privada, la oferta cultural puesta a disposición del alumno, se maneja con un enfoque recreativo para los padres de familia. En la publicidad de estos colegios, las materias “puras” como matemáticas, español, ciencias naturales y ciencias sociales, se formulan como meta y pilar básico para el éxito académico.

 

En orden de importancia, las herramientas, instalaciones y servicios adicionales (horario extendido, comedor, taller de valores), son el segundo elemento clave en la fórmula comercial para la captación de matrícula. Las actividades culturales, se ofrecen como “alternativas terciarias”. Quien lo desee, puede tomar una actividad cultural no obligatoria, mostrada en el tríptico de publicidad con la palabra “gratis” y sentenciada sobre una pleca roja.

Sin reflexionarlo (o quererlo), la educación básica privada olvida que su punto de vista, fomenta la idea en los padres de familia, de que las actividades culturales son prácticamente habilidades complementarias y deseables solamente durante la etapa de formación básica, sin fomentar e impulsar la idea de que puedan dedicarse profesionalmente a las artes.

Es doloroso pensar, que algunos directores escolares ofrecen a artistas plásticos, músicos, actores, bailarines, escritores y profesionales de otras disciplinas artísticas, una remuneración de hasta un 40% menos sobre el precio real que se ofrece para las materias más “importantes”.

Se pueden encontrar en la sección de clasificados, vacantes para maestro de música, titulado, casado, con experiencia docente, bases de pedagogía, pero muy dispuesto a transportar su instrumento para dar clase. He conocido casos donde dos referencias personales y análisis médico de orina son obligatorios para la consideración.

No se ofrecen prestaciones, bonos, pago por clase especial o ensayos, ni se fomentan estímulos que impulsen su propia formación, puesto que deben trabajar para desarrollar recitales, organizar festivales para días de asueto y salidas a eventos culturales programados por el mismo pago.

Pareciera que, en algunos colegios privados, es necesario anteponer un telón a las actividades artísticas, con una doble intención.

Los festivales escolares posicionan a los colegios como proveedores de una formación integral y responsables en materia de difusión cultural para los alumnos. Tras bambalinas, no se menciona que los profesores “terciarios”, carecieron de acceso a recursos mínimos para el desarrollo de estas actividades.

A los maestros de talleres culturales, no les queda otra opción que llevar de sus casas materiales, herramientas y hasta utilería para desarrollar el concepto propuesto.

Por ejemplo, un maestro de música debe llevar su amplificador a clase, porque el equipo de sonido de origen chino que la institución compró en la calle de Mesones a muy buen precio (sin supervisión profesional), ya no funciona. Mención aparte merecen los espacios asignados a desarrollar las actividades culturales.

Salones “multiusos” y la plaza de la escuela, son comúnmente el espacio aprovechado para las actividades artísticas. Algunos cuentan con auditorios pequeños, claustrofóbicos y pobremente equipados en infraestructura básica, con personal técnico improvisado, carente de capacitación.

Si la infraestructura es buena, se limita el acceso por miedo a que se pueda dañar o ensuciar. Como resultado, los alumnos deben ensayar en sus casas, parques o espacios públicos.

Sin razones aparentes, los espacios “Premium” siempre están disponibles para las actividades de prestigio a la institución, como la supervisión del Delegado de la Sección Magisterial o la visita de autoridades gubernamentales (gran oportunidad para sacar la fotografía obligatoria, que formará parte del tríptico promocional para el ciclo escolar venidero).

Entonces, ¿por qué hablar de la educación básica privada y sus actividades artísticas?

Porque a partir de ajustes en sus modelos de negocio, es posible generar beneficios disruptivos para la institución, docentes, administrativos, comunidad estudiantil y sociedad en general.

Los cambios económicos y sociales, han reescrito las necesidades educativas, orientadas a crear profesionales más creativos, libres, independientes y autodidactas.

Las actividades artísticas, llegan de forma efectiva a niveles muy profundos de tipo cognitivo, emocional y social del ser humano, que cada vez son más los estudios psicológicos, pedagógicos y académicos, recomendando aplicar su integración de forma continua en programas de enseñanza-aprendizaje o terapias especializadas.

Es por ello que su importancia como catalizador social y de integración, debe aprovecharse en favor del desarrollo integral del alumno. Implementarlo ofrece una experiencia de consumidor satisfactoria, que ofrecen y facilitan grandes oportunidades de crecimiento para la institución.

La reputación online tiene un impacto profundo en el poder de compra y es por ello que las marcas, instituciones y personalidades públicas invierten miles de pesos al año para preservar su nivel en redes sociales.

Las instituciones educativas del sector privado, que impulsen las actividades artísticas en forma disruptiva (con el mismo nivel de importancia que las asignaturas tradicionales), estarán mejor posicionadas dentro de los rankings digitales, gracias a la percepción de satisfacción que sus alumnos, pueden potencializar como influencers en la red.

La publicidad boca en boca también ha evolucionado y seguirá siendo la estrategia publicitaria más efectiva con el costo más bajo posible. Antes, la experiencia florecía interpersonal. Ahora se traduce en un tweet, hashtag, pin up o un meme. Los sitios web que miden la satisfacción y opinión del cliente sobre productos y servicios, deben ser tomados muy en serio, porque la reputación en línea se ha hecho social. ¿A quién no le gusta que hablen bien de su propuesta educativa?

Basta mirar el ranking donde la UNAM aparece entre las mejores Instituciones a nivel Latinoamérica para que nacionales y extranjeros toquen su puerta por una oportunidad.

De nada sirve actualizar los procesos del modelo tradicional, si las instituciones continúan relegando a las actividades artísticas como oportunidades “terciarias”.

Llenar las aulas de tabletas, wifi y desarrollar aplicaciones para optimizar el sistema de cobro en colegiaturas o reportes de calificaciones, nunca resultará suficiente si la educación básica privada, es incapaz de mantener “conectados” a sus alumnos como una comunidad participativa, más allá de un muro de Facebook o cercanía a través de Instagram.

La subvaloración profesional que se aplica a las actividades artísticas en la educación básica privada, frena la oportunidad de crecimiento hacia una sociedad más propositiva, equitativa y definida en identidad. La iniciativa privada cuenta con oportunidades reales de generar cambios significativos que impactan tarde o temprano en las políticas públicas.

¿Qué más deberíamos decir sobre las actividades artísticas en la educación básica privada?