Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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21-11-2017 11:59:40

Cultura: enveses y reveses

Sergio Gómez Montero

 

La muerte de Rafael Tovar y de Teresa convocó a escritores múltiples a bordar en torno a la vida de tan destacado personaje en los ámbitos de la cultura y la política nacionales, recalcando particularmente una cuestión que perfila el quehacer actual de la cultura en México: hoy las tareas de ese quehacer se centran en las instituciones, en el construirlas y en el hacer siempre dentro de ellas todo lo que se deba y se quiera hacer.

 

La cultura en México está, por tanto, totalmente institucionalizada. Gracias, claro, entre otros a Tovar y de Teresa. Hasta hoy, por tanto, los escritos analíticos sobre este personaje no han dejado de ser panegíricos y poco han puesto énfasis en ver otras cuestiones que son importantes y significativas.

 

La institucionalización de la cultura en el país no se llevó a cabo antes (la creación tuvo una relativa libertad) ni mucho menos se debe conducir por ese camino en un futuro próximo. Es decir, con Tovar y de Teresa la creación cultural perdió libertad para no quedar sometida a las instituciones y particularmente al PRI. Así fue que con él, con ese personaje, ese sometimiento se consolidó y con tortibonos (premios, reconocimientos, SNC, becas y demás) el Estado se entronizó en el campo cultural y fue de tal forma que la creación mencionada se inscribió casi de manera total en los ámbitos oficial o comercial, con escasas excepciones (Francisco Toledo).

 

Asimismo, el reconocimiento de tales labores nunca ha salido de los ámbitos mencionados. El ser y el existir en cuestiones culturales depende pues de eso: existo en la medida que disfruto de una beca o soy miembro del Sistema Nacional de Creadores y puedo entonces así comerciar mi labor. Hoy, aún las artes populares provenientes de las actividades cotidianas de los artesanos están también sometidas al reconocimiento oficial, lo que en gran medida las desvirtúa. Es de esta manera que el Estado domina el arte y ésa fue la preocupación de toda la vida de Rafael Tovar y de Teresa, y seguramente lo va a ser la de María Cristina García Cepeda. Para el Estado totalitario de nuestros días eso seguirá siendo fundamental.

 

¿Dentro o fuera de esa realidad qué importancia tienen hoy las tareas culturales (todas) de un pueblo como el nuestro? Primero, reconocer que ellas son múltiples y diversas y que se mantienen vivas en diversos estratos de la población, y que dada nuestra naturaleza multicultural ellas deben ser respetadas desde la raíz y desde su origen. Eso alimenta a la creación artística de una manera sustantiva, la que, para ser tal, se debe distinguir por la libertad con la que el creador la debe generar. Segundo. Sigue siendo aún tiempo de construir conceptos que retomen las ideas de Bauman sobre cultura (la energía que alimenta a lo social) y que ello nos permita entender que la creación artística es sólo una parte (hoy más significativa que nunca) del todo social o si se quiere de las tareas culturales de toda sociedad.

 

Tercero, si bien independiente, la cultura en la actualidad y desde tiempo atrás se encuentra estrechamente vinculada a la educación. Si esa relación no se cuida y estrecha, seguramente ambas andarán tirando palos de ciego, sin atinarle nunca a la piñata. Cuidar hoy esa relación (lo que hasta hoy en México no se ha hecho) debe ser una tarea primordial para los años próximos; habría que tomar en cuenta que los curricula contemporáneos más avanzados le otorgan a la creatividad en general (incluyendo allí lo artístico) una importancia primordial. Finalmente, cuarto, la organización de los creadores artísticos para que sean ellos los que impulsen la desinstitucionalización de la cultura (para volverla una tarea primordial dentro de lo social y autónoma en cuanto acto de creación) es un trabajo pendiente a impulsar en el corto plazo, para así ir dotando otra vez de significado verdadero a la actividad artística.

 

El que ello conlleva romper con las políticas que tanto impulsó Tovar y de Teresa es obvio y desde luego no será el Estado priista, al que tan afín era el personaje mencionado, el que llevará a la práctica las nuevas políticas educativas y culturales que requiere urgentemente el país para beneficio de toda su población.