Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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28-07-2017 10:04:58

Economía cultural para emprendedores. Perspectivas

Texto completo del libro en  

 Palabras preliminares

Eduardo Cruz Vázquez
Coordinador

 

La economía cultural y con ella, su papel en el aparato productivo del país en lo que conocemos como el sector cultural, detona este libro. Su abordaje proviene no de una escuela o corriente, como tampoco de un trabajo docente amparado por un programa, menos del rigor de una investigación ordenada desde los cánones de la academia.

 

Economía cultural para emprendedores. Perspectivas, reúne el empeño de un grupo de profesionales de diversas disciplinas, cuyos enfoques intentan una visión integral del valor económico de la cultura en el contexto de la realidad mexicana, a efecto de colocarlo a disposición de los emprendedores culturales. Dicho de otra forma, son atisbos que buscan sentar precedente para comprender la importancia de un sistema al que poca atención se le ha prestado en el país, pero cuyos aportes a la dinámica económica son palpables.

 

Los que concurren a esta primera obra en su tipo, que por igual busca constituirse en una suerte de compendio útil para quienes desean emprender un negocio en tan vasto campo, tuvieron punto de coincidencia no hace mucho tiempo. Ocurre en primera instancia a partir de mi desempeño como periodista, ya que por varios años, motivado por tratar de comprender la carencia de oferta de trabajo en el sector cultural, tuve a bien desplegar una intensa labor de investigación y reporteo a efecto de desentrañar un modo de estudio de esta lacerante realidad. Fueron y son en mi caso, las herramientas del periodista, las que me condujeron a promover el análisis económico del sector cultural.

Dicho acervo reveló, hacia mediados del año 2008, la carencia de programas de investigación en las instituciones de educación superior, ya fueran públicas como privadas. También, la escasa integración de asignaturas específicas en los planes de estudio de numerosas licenciaturas cuyo campo profesional está en el medio cultural. Tampoco eran palpables políticas públicas para reconocer el sector, para alentar al emprendedor cultural y mucho menos, líneas de incubación y financiamiento específicas para micro, pequeñas o medianas empresas culturales.

Pero también es cierto que de alguna forma, en México la economía cultural era tema de unos cuántos estudiosos, la mayoría vinculados a las ciencias sociales, particularmente desde la antropología. Que las deliberaciones abrevaban en su mayoría de las experiencias internacionales, aleccionadoras de las incipientes demandas de atención a dicho tramado. Bibliografía escasa, fuentes estadísticas dispersas e inconsistentes, nula discusión pública, segmentación de enfoques a partir de subsectores por naturaleza demandantes de apoyo para su desarrollo (editorial, cine, artesanal) completaban un escenario de suyo sumamente complejo de sistematizar.

 

Era y es hasta el momento de cerrar la edición del libro, una tarea que implica un andamiaje colosal, cuya edificación aún resulta distante. Es entonces en junio de 2008, que en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, se crea el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU). Primero desde mi papel de Asesor del Rector Cuauhtémoc Pérez Llanas, por lo demás doctor en Economía, y después como Coordinador de Extensión Universitaria, tenemos a bien implementar y sostener que nuestra casa de estudios sea al menos una pieza del engranaje por articular, el punto de coincidencia que requeríamos para ordenar una serie de intereses. De esta forma, el Grupo se integra a partir de afinidades y preocupaciones, de esmeros y expectativas que como amigos y trabajadores en diferentes frentes teníamos. La dinámica fue simple: reunirnos al menos una vez al mes a efecto de confeccionar un marco conceptual, atar el mismo a la realidad del país y pronunciarnos públicamente en ciertas coyunturas. Tras el tiempo transcurrido, de varias cosas estamos seguros: el Grupo tomó protagonismo, hemos sido objeto de atención por parte de los medios de comunicación y logramos generar que otros actores nos tomaran en cuenta con el objetivo de conocer nuestros alegatos. No así, debemos reconocer, hemos podido insertar como deseábamos la amplia y urgente discusión que se amerita como paso insustituible para que fueran adoptadas las soluciones que vislumbramos.

 

El GRECU se integró por Angélica Abelleyra, René Avilés Fabila, Rafael Campos Sánchez, Elena Catalán, David Dávila, Héctor Garay, Carlos García de Alba, Valentina Gatti, Federico González Compeán, Alejandro González Hernández, Carlos Madrid Varela, Antonio Mier Hughes, Alejandro Ordorica Saavedra, Jorge Pantoja, Enrique Perret, Ricardo Rojo y Leobardo Sarabia Quiroz.

 

Este libro representa en buena medida el trabajo que desplegamos a lo largo de un año. Meses que fueron suficientes para probar la pertinencia de alentar el conocimiento y los retos que la economía cultural impone al país como elemento constitutivo de un sector plenamente identificable en el aparato productivo.

 

El lector encontrará, por un lado, las aportaciones de algunos integrantes del GRECU. Por otro, las de aquellos invitados a colaborar en esta tarea, en virtud de su trayectoria en los temas que abordan y al afecto procurado al paso de los años. De esta manera, por lo que respecta a los miembros del Grupo, Angélica Abelleira despliega un mapeo y rutas de algunas empresas culturales; René Avilés Fabila se ocupa de la realidad de los escritores; Elena Catalán ofrece un panorama de oportunidades en el turismo cultural; David Dávila Gómez, condensa de manera puntual las estructuras jurídicas en las que puede fincarse un emprendedor; Héctor Garay clarifica los intereses que confluyen en las artes escénicas; Carlos García de Alba confronta acepciones y alcances de la economía y la cultura; Federico González Compeán, hace un apretado recuento del periplo de la Corporación Interamericana de Entretenimiento; Alejandro González Hernández, pondera de forma veraz la trascendencia de los emprendedores culturales; Alejandro Ordorica Saavedra pone el acento en la Reforma Política y la Cultura; Leobardo y Carlos Sarabia, abordan experiencias aleccionadoras en Tijuana y por mi parte, en tanto coordinador, propongo un abordaje integral de la economía y el sector cultural.

 

Complementan este mosaico, Eduardo Caccia, quien se mueve entre la formación de públicos y consumidores; Alfonso Castellanos, en el terreno de las estadísticas e indicadores culturales; Eduardo Nivón Bolán, con el enfoque desde las políticas culturales; Adalberto Saviñón, nos entrega el repaso de otras experiencias en el orbe y finalmente, Víctor Ugalde, desentraña el camino nada fácil del cine mexicano.[1] Y como bien ocurre en los llamados libros de ocasión, durante las semanas previas al cierre surgió la idea de incorporar algunos enfoques venidos de fuera. De esta manera, tuvimos la fortuna de vincular a José Luis García Delgado, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y coordinador de una extraordinaria investigación patrocinada por Fundación Telefónica en torno al valor económico del español y su aportación al Producto Interno Bruto (PIB) de España. Cerramos con el rescate de una espléndida disertación a cuatro manos colombianas, las de Winston Licona y Rodrigo Vélez, economista y filósofo de la Universidad del Rosario, quienes tejen desde un novedoso modelo académico, los hilos entre filosofía, economía, administración y gestión cultural.

 

Proponemos que este conjunto de aproximaciones se lean como la suma de enfoques que comparten un frente común. Que el lector despeje dudas centrales y continúe el camino que habrá de completar el mapa. Lejos de la grandilocuencia del tratado, nos sentamos en el escenario que demanda mayores empeños de los actores que inciden en el sector cultural. Por ello el contenido es notoriamente de divulgación y responsablemente especulativo. Tal postura a la vez implica la aceptación provocadora del diálogo y la controversia, de la réplica y la crítica que señale aciertos y ausencias.

 

Queremos que sobre toda argumentación a favor o en contra de lo que aquí se consigna, la obra detone entre los simpatizantes y los contradictores, el reto de hacer un mejor abordaje que se haga también público. Hacemos votos porque así sea y que pronto los muchos que pueden beneficiarse del posicionamiento de la economía cultural, de su cabal comprensión en tanto soporte de un sector del aparato productivo y de las posibilidades de generar riqueza a través de un negocio, cuenten con mejores herramientas teóricas y prácticas para su desarrollo como trabajadores de la cultura.

 

Al cierre de estas palabras de presentación, la UAM, particularmente la Unidad Xochimilco y el Grupo, celebran haber encontrado la complicidad para la edición del libro en la Dirección de Publicaciones de la Universidad Autónoma de Nuevo León. A su titular, el periodista José Garza, nuestra gratitud por su generosidad y capacidad de apuesta en lo que es también un producto que aspira a generar demanda en el mercado editorial.

 

Diremos también que obra se significa por cerrar con ella un ciclo. Desde que iniciamos esta aventura, tuvimos en claro que se trataba de una etapa coyuntural. Estamos en la expectativa de que los resultados que arrojen estas páginas nos brinden las claves para continuar en el camino. De ser así, habremos dar cuenta oportuna de ello.

 

  



[1] Entre quienes se han ocupado del tema, además de los colaboradores en este libro, se cuentan Néstor García Canclini, Lucina Jiménez, Jorge Ruiz Dueñas, Ernesto Piedras, Lourdes Arizpe, Liliana López y José Antonio MacGregor. A todos ellos nuestro reconocimiento por sus empeños incesantes en este campo.