Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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21-11-2017 11:52:48

Sistema público de radiodifusión del Estado mexicano: Abandono de los medios públicos


(Segunda de dieciséis partes)

El gran retroceso histórico estructural que experimentó el modelo de desarrollo de los medios de difusión públicos en México, se debió a diversas realidades multifactoriales, dentro de las cueles destacan fundamentalmente los siguientes cuatro factores globales: 

 

En primer lugar, debido a que en las últimas ocho décadas la comunidad mexicana contó con un Estado débil, demagogo, contradictorio, extraviado y descuidado en su modelo de comunicación global, especialmente de servicio público, pues renunció a ejercer su función rectora en éste ámbito, e incluso en algunas coyunturas, llegó hasta traicionar a los ciudadanos al claudicar de su responsabilidad de proteger y respetar los intereses y necesidades comunicativas básicas de la sociedad. Es decir, el viejo Estado mexicano defendió más los intereses del proyecto del modelo de comunicación privado del mercado que los requerimientos del proyecto del modelo de comunicación de servicio público para el crecimiento comunitario y para la sobrevivencia colectiva.

 

En segundo lugar, debido a que la mayoría de la sociedad todavía no adquiere claridad mental suficiente para comprender que es ella la que en última instancia paga la operación de los medios de difusión públicos, vía el desembolso de sus diversos impuestos (ISR, IVA, IETU); y en consecuencia, no reclama con fuerza su garantía para participar en éstos, como derecho constitucional que le pertenece de facto.

 

En este sentido, la mayoría de la población mexicana desconoce que las emisoras de radio y televisión de Estado, lejos de pertenecerles a los gobiernos en turno o a las estructuras burocráticas de administración de los mismos o a las “camarillas políticas” para su uso particular, le pertenecen a la sociedad para operarlos como medios de comunicación con clara vocación de servicio público ciudadano.

 

Al igual que los jardines, los parques, las alamedas, los zoológicos, los zócalos públicos, las avenidas, las carreteras, los canales de difusión de Estado forman parte del patrimonio del mismo, y por lo tanto, del dominio generacional de los ciudadanos, por lo cual éstos tienen derecho a demandar su efectivo funcionamiento como medios de comunicación civiles donde ellos también estén presentes.

 

En tercer lugar, mediante esta inconsciencia colectiva y otros factores de control, se ha permitido que los medios públicos sean manejados unilateralmente por los intereses coyunturales de la vieja estructura de poder que los controla económica y administrativamente para el reforzamiento propagandístico de su posición en el sistema de gobernabilidad y no para resolver las principales necesidades de crecimiento de los sectores civiles que los financian.

 

En este sentido, operan más como medios de propaganda del funcionario, del munícipe, del partido, del gobierno, del ministro, del presidente, en turno para manejar su imagen o la ideología que les es favorable, y no como instituciones al servicio de las necesidades prioritarias del desarrollo de la sociedad.

 

En cuarto lugar, los medios de información de servicio público que han actuado en base a su vocación de medios de Estado, en coyunturas de crisis económicas terminaron renunciado a su misión histórica y se transformaron en medios de difusión con finalidades comerciales.

 

Históricamente todo este panorama se acentuó significativamente a parir de los años 80, cuando el proceso acelerado de incorporación de México a la apertura y globalización mundial, exigió, por una parte, el retiro del Estado como instancia rectora de la comunicación, y por otra, la imposición de las fuertes políticas econométricas neoliberales para convertir al Estado mexicano en una entidad “altamente eficiente y rentable”, cuya tarea esencial fuera la facilitación de las condiciones para la realización del capital a escala nacional e internacional.

Es decir, debido a que las leyes de la “libre competencia” exigieron que las empresas contendieran entre sí con sus propios recursos y sin apoyo estatal, el gobierno mexicano retiró gradualmente los subsidios que fortalecían a los medios públicos, y no obstante que éstos son medios de Estado que ejecutan funciones distintas a la del prototipo comercial privado, cada vez más han tenido que luchar con sus propios apoyos para sobrevivir ante la fuerte presión de las empresas privadas para no financiarlos.

 

Dicha realidad generó simultáneamente una severa crisis estructural y la desaparición paulatina del modelo de medios de comunicación de servicio público que durante tres décadas habían funcionado frágilmente en México, para dar paso mayoritariamente al proyecto de comunicación-mercado con sistemas de información privados altamente mercantilizados, con líneas programáticas en torno a la telebasura.

 

Ello significó que el esquema de medios de comunicación de servicio público al dar marcha atrás el Estado benefactor que lo mantenía a base del presupuesto oficial, crecientemente tuvo que buscar otras fuentes de ingreso para sobrevivir, que básicamente giraron alrededor de la venta del tiempo de pantalla a las grandes empresas monopólicas y de la comercialización publicitaria.

 

Tal situación obligó a que el modelo de información público se comercializara crecientemente reduciendo su pluralismo y originalidad, abriendo mayor campo aún a los grupos multinacionales tanto en lo que se refiere a la propiedad de las emisoras, como a su programación.

 

De esta forma, derivado del orden social darvinista que impuso la modernidad neoliberal en el país, especialmente, con la práctica del Tratado de Libre Comercio de América del Norte para que la sociedad funcionara libremente beneficiando al más fuerte, se comprobó la inclinación progresiva del Estado mexicano para reducir o abandonar el financiamiento del modelo de medios de comunicación de servicio público, a través de permitir la veloz privatización y la adopción del nuevo esquema comercial que dirigen los principios del mercado.

 

*Publicado en la revista Siempre, No. 3204, Año LXI, Fundación Pagés Llergo, México, D.F., 10 de noviembre de 2014, pp. 62-63, http://www.siempre.com.mx

 

 


Doctor en Sociología, (Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México), Maestro en Sociología, (Departamento de Sociología y Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Iberoamericana), Licenciado en Ciencias y Técnicas de la Información, (Departamento de Comunicación, Universidad Iberoamericana), Estudios de Filosofía, (Instituto Superior de Estudios Filosóficos).

Autor de diversos textos y artículos sobre comunicación y cultura en México y América Latina. Premio Nacional de Periodismo 2004, Club de Periodistas de la Ciudad de México A.C., México, D.F, diciembre del 2004.

Premio Nacional de Periodismo 2010, Club de Periodistas de la Ciudad de México A.C., México, D.F, diciembre del 2010. Premio Nacional de Comunicación 2011, Categoría: “Comunicación y Democracia”, Fundación Pagés Llergo y Revista Siempre, México, D.F, 6 de abril del 2011.