Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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21-11-2017 11:56:36

Entre el altruismo y los negocios

  

Héctor Manuel Garay Aguilera

  

El sector cultural se mueve bajo el estigma de ser la parte noble de la sociedad, esto es cierto, y el de la imposibilidad de mancharse por los temas del dinero. Las variadas posibilidades de apropiación de los valores de los bienes y servicios culturales propician un lugar más romántico que realista.

 

Los valores económicos aún se ponen en tela de juicio por prejuicios o falta de innovación y talento en las políticas públicas, sean estas culturales, sociales, educativas, hacendarias para mirar más allá de un reduccionismo o los usos y costumbres.

  

Es más fácil administrar becas y estímulos a la creación, que apoyar la demanda y responder en verdad a las necesidades culturales de las personas. Sin embargo, muchos artistas y trabajadores de la cultura encuentran dificultades en la producción y distribución de sus obras. Es más sencillo programar lo convencional que incentivar las iniciativas de empresas de base cultural que se constituirían en incentivos de empleos y en reproducción de beneficios sociales y culturales.

  

El dilema ha dejado de formularse como “ser o no ser”, para convertirse en el dilema de hacer o no hacer de la labor cultural un negocio que sirva para el desarrollo de proyectos culturales y provoque la creatividad. No hacerlo nos condena seguir con la labor altruista o la de la espera de apoyos oficiales.

  

El falso dilema parece incomprensible en la sociedad contemporánea: cobrar o no cobrar, tener o no tener recursos económicos para la realización de obras. A veces estos recursos aparecen para producir libros, obras escénicas, musicales, audiovisuales o plásticas, pero no para que los trabajadores del arte y la cultura vivan de su actividad profesional.

  

En nuestro país aún navegamos por los ríos románticos que imaginan a los trabajadores de la cultura como seres nobles dispuestos a regalar su trabajo “porque les gusta” o porque tienen otro trabajo del cual vivir. El Estado se siente más cómodo en el otorgamiento de becas, que en el terreno del incentivo de las empresas culturales. Pero la cantidad de nuevas propuestas y artistas emergentes o jóvenes que frustran su carrera, demuestra que el camino tiene sus limitaciones.

  

Además esta visión aplicada al arte evita la continuidad de proyectos que sólo pueden vivir un año de una beca, debido a que hay que repartirles apoyo a otros o “a todos”, en un falso afán democratizador. Pensar como extremos irreconciliables la creación artística y la posibilidad de apoyar empresas culturales es un prejuicio que atenta contra la dignidad de las personas y no aprovecha los recursos tan valiosos que poseemos como son la creatividad y el patrimonio cultural.

  

Además de incidir indirectamente en la dignidad de los integrantes del sector cultural, al no invertir con mayor eficacia los recursos públicos aplicados a la difusión de la cultura. Pero sobre todo en la de las personas alejadas del acceso a los bienes y servicios culturales, aquellos miles y miles de mexicanos que no pueden hacer valer sus derechos culturales.

  

Desde luego no se trata de substituir políticas públicas, una visión por otra. Cerrar las becas y abrir empresas culturales. Ni mucho menos vender el patrimonio cultural como una mercancía barata. Al respecto del valor del patrimonio es necesario seguir tratándolo de manera excepcional, pero sobre todo hacerlo evidente a la gente, porque el mal uso se da continuamente sin beneficio público.

  Una conjunción creativa de ámbitos: los negocios, la cultura y el arte. Y no necesariamente esperar a seguir siempre el camino de Carlos Slim: ser un empresario triunfador con buenos negocios para luego ser altruista y ofrecer el servicio de un museo de manera gratuita.
 


Es promotor cultural. Director y fundador de VITARS. Fomento Cultural desde 1994. Coordinador Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes (2000-2002), Asesor de la Secretaría Técnica del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (1999-2000).Colaborador artístico y coordinador de las compañías: U, X. Onodanza (1985-1989), El Cuerpo Mutable (1989-1990), Compañía Romero Domínguez (1991-1992), En dos partes y Gerente del Ballet Teatro del Espacio (1994-1995). Colaborador de la Sociedad Mexicana de Coreógrafos (SOMEC) y de la Unión Nacional de Sociedades Autorales.Jefe del Departamento de Actuación del Centro Universitario de Teatro, UNAM. Coordinador Académico del Centro de Formación Actoral, TV Azteca. Integrante del Comité de Danza del Centro Mexicano de Danza ITI UNESCO 2004-2005. Integrante del consejo directivo de Danza Mexicana A.C. (1988-1990).

Ha colaborado como asistente de dirección en un par de ocasiones con la Compañía Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes bajo la dirección de Raúl Quintanilla. 

 hecgaray@yahoo.com.mx
www.hectorgaray.wordpress.com