Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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23-09-2017 08:14:51

Desnudos para financiar la cultura

Héctor Manuel Garay Aguilera

  

Editar un libro, realizar una coreografía, llevar a cabo talleres para niños o mantener un monumento que se deteriora necesita recursos económicos. Ya no podemos soslayar las acciones que una dinámica cultural requiere. Cada día estamos dentro de una transparencia que busca satisfacer estas necesidades. Sin embargo, aún no definimos la profunda demanda de financiar la cultura como inversión para el desarrollo humano.

 

 

El periódico El País (28 de enero, 2012) nos informa de la iniciativa de los pobladores de Haworth, Inglaterra, de posar desnudos en un calendario que venden con la finalidad de obtener dinero para la reparación de la construcción donde están enterradas las hermanas Brontë. Además de lo entrañable que resulta para los habitantes de esta comunidad el patrimonio impregnado de las huellas de las hermanas Charlotte, Emily y Anne, ellos defienden un patrimonio que les significa ingresos diarios. Esta comunidad es un atractivo de turismo cultural. Todos los días llega al menos un autobús con visitantes que traen recursos para el pueblo. Así, además de conservar un legado cultural hay un ejemplo de economía cultural.

  

La otra parte del ejemplo es la financiación, ellos se han visto en la necesidad de tomar una medida de esta naturaleza debido a que tiene como deber complementar la financiación que le dio un organismo público. El English Heritage se comprometió con 120,000 euros y el pueblo tenía que conseguir otros 75,000. Como tardaron más de un año, el costo de las obras se encareció y entonces tienen que aportar 50,000 libras más. Por ello se dieron a la tarea de realizar diversas acciones, entre las que se encuentra el singular calendario, pero también un vecino ha organizado clases de repostería, así como algunos amantes de la literatura han enviado sobres con aportaciones diversas de 12 hasta 210 euros.

  

El ejemplo nos hace pensar en cómo se financia el arte y la cultura en México. Desde luego los ejemplos son diversos y en ocasiones tiene el espíritu de los vecinos de Haworth. Pero muy a menudo estamos esperanzados a la participación gubernamental. Por una parte estamos acostumbrados a la intervención de gobierno y sus políticas públicas en casi todas las actividades y por otra parte exigiéndoles la obligación de asumir sus deberes. Y es verdad que asiste este derecho, más ahora que se ha establecido inclusive en la Constitución el derecho de acceso a al cultura. Sin embargo, a veces no pensamos en nuestros deberes, y sobre todo en las posibilidades más amplias de participación de amplios sectores de la población en el disfrute sí, pero también en la producción y distribución del arte y las manifestaciones culturales.

  

Desde luego hay visiones contradictoras en las políticas públicas, incluidas las culturales, ya que por una parte se fomenta el paternalismo y la dependencia a la beca, a la programación y al subsidio velado, y por otra se dice que los artistas deberían vivir del mercado y los subsidios estar prohibidos. Tenemos a su vez que se amplían de manera “histórica” los presupuestos para la cultura, al tiempo de que se distribuyen de manera discrecional con criterios paternalistas, partidistas y electoreros, por “amiguimismo”, “compadrismo” o grupos de poder, dejando una franja reducida a las convocatorias públicas y los fondos de inversión.

  

Existe una evidente limitación para tener una visión que apueste por el uso del presupuesto como inversión. El caso más claro es la negativa de ver a las empresa culturales como una posibilidad de crecimiento de la actividad no sólo cultural, sino económica y social de una comunidad (ahí está Howarth). La miopía que no ve como negocio una empresa cultural. No lo ven en las pymes pero sin duda si en los grandes corporativos de medios (industrias culturales) a los que se les da todas las facilidades para desarrollar actividades que llegan inclusive a ser monopólicas.

 

Otra época nos toca por vivir cuando haya una mayor iniciativa de las comunidades artísticas y sociales para administrar y financiar el patrimonio cultural a través de políticas públicas que sean facilitadoras de cambios de actitud. Un dato más: el edificio en cuestión en Haworth es una iglesia y el cura, que lee las noticias en su Ipod, ha aceptado de buen agrado que los vecinos se tomen desnudos las fotos.

 


Es promotor cultural. Director y fundador de VITARS. Fomento Cultural desde 1994. Coordinador Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes (2000-2002), Asesor de la Secretaría Técnica del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (1999-2000).Colaborador artístico y coordinador de las compañías: U, X. Onodanza (1985-1989), El Cuerpo Mutable (1989-1990), Compañía Romero Domínguez (1991-1992), En dos partes y Gerente del Ballet Teatro del Espacio (1994-1995). Colaborador de la Sociedad Mexicana de Coreógrafos (SOMEC) y de la Unión Nacional de Sociedades Autorales.Jefe del Departamento de Actuación del Centro Universitario de Teatro, UNAM. Coordinador Académico del Centro de Formación Actoral, TV Azteca. Integrante del Comité de Danza del Centro Mexicano de Danza ITI UNESCO 2004-2005. Integrante del consejo directivo de Danza Mexicana A.C. (1988-1990).

Ha colaborado como asistente de dirección en un par de ocasiones con la Compañía Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes bajo la dirección de Raúl Quintanilla. 

 hecgaray@yahoo.com.mx
www.hectorgaray.wordpress.com