Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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21-11-2017 11:56:51

Selfie con Kusama

El último miércoles de cada mes se realiza en nuestro país la Noche de Museos, un acontecimiento que sólo sucedía el 18 de mayo, pero que se ha ampliado como estrategia para promover la asistencia de públicos a los museos. La Noche de los Museos del mes de enero tuvo la peculiaridad de que uno de ellos, el Museo de Arte Popular, invitaba a asistir para tomarse una “selfie” con alguna obra del acervo. Invitaban a realizar una autofotografía, la imagen que uno mismo se toma con lo que uno decida y nos da la apariencia de participación íntima con el mundo retratado, tomada con un teléfono celular. 

Esto pasaría como una acción original, que intenta conocer y hacer partícipe sobre todo a los nuevos públicos, además del aprovechamiento de las nuevas tecnologías y las redes sociales. Sin embargo, estuvo inmersa en el contexto del record de asistentes a la exposición Obsesión infinita de Yuyio Kusama en el Museo Rufino Tamayo. Esta muestra contó con 320 mil asistentes; con un promedio diario de 3 mil asistentes en un recinto que tiene un promedio de 14 mil por mes.

 

 

La relación con los “selfies” es que esta acción desbordó el número de asistentes cuando empezaron a circular en las redes sociales imágenes de esta exposición. Se convirtió en los que hoy se da por llamar “viral” gracias a que algunos asistentes compartieron fotografías de los Infinity mirrored rooms de la artista japonesa, en particular los de los falos y luces multicolores.

 

 

Desde luego gratifica el hecho del ver a miles de personas en una actividad cultural. Más aún ahora cuando hay crisis de asistentes. Un problema que tienen más del 99% de los museos en el mundo (1). El record de público nos mueve a considerar el dilema entre número de asistentes y  comprensión de la obra expuesta, pasando, desde luego, por considerar la inversión económica que se hace para los montajes y el mantenimiento de los museos. Las inversiones para producir exposiciones y las estrategias mercadológicas para posicionarlas y atraer asistentes.

 

 

Aparece entonces la definición de éxito para un museo: estadísticas favorables, en exposiciones en donde se puede estar sólo unos minutos sin posibilidad de disfrute y confrontación con las obras. En donde hay que avanzar como en una banda sin fin y en donde la experiencia es rápida como la vida cotidiana. En donde sólo se asiste para escribir los datos de las fichas museográficas, como tarea impuesta a los escolares o para sacarse la fotografía que está de moda. Claro que esto no sólo sucede en México, pasa en el Museo del Louvre con el record mundial de asistentes: 9.3 millones en 2014, en donde la Gioconda despierta especial interés para sacarse una “selfie”. El actual souvenir (o recuerdo) de la visita al museo. (2)

 

 

La otra cara de la moneda es la apropiación de las obras, de la vida y aportaciones de los artistas. En este sentido, valdría la pena preguntarse cuántos de los asistentes a Obsesión infinita conocieron un poco más de detalles de la obra de Kusama, cuantos se adentraron más allá de los lunares coloridos. Otros aspectos a considerar que el éxito de un museo está en la calidad de la exposición, la forma de los servicios al público, la museografía, las colecciones, entre otros aspectos.

 

 

Desde luego la fórmula económica en términos de inversión de una exposición contra número de asistentes es relativa. No asegura por sí misma, la valoración del un costo-beneficio veraz. Más aún cuando estamos ante la necesidad de estimar los valores simbólicos adquiridos por la experiencia cultural. La comparación con otras muestras nos hace más evidente esta situación. En esto ver aquello, exposición homenaje a Octavio Paz en el centenario de su nacimiento montada en el Palacio de Bellas Artes, tuvimos la oportunidad de ver obras diversas de calidad confrontadas con la visión crítica del escritor mexicano.

 

 

La oportunidad de ver obras de artistas difíciles de ver reunidas y las reflexiones de Paz muy lúcidas que despertaban una pertinaz curiosidad por seguir leyendo sus apreciaciones sobre el arte. Textos que iluminaban y guiaban no sólo la perspectiva de esta exposición, de las los autores y obras expuestas, sino también nos conducían por los misterios del arte y la creatividad. Todo bajo una museografía con especial dedicación. Sin embargo, esta exposición tuvo una asistencia de 200 mil personas, nada mal pero que fue vencida por el aluvión de público del Tamayo.

 

 

En términos económicos la inversión para la exposición en el Palacio de Bellas Artes fue de 29 millones de pesos, justificado por el traslado de las obras ahí reunidas, los seguros, la museografía y la difusión. La inversión tuvo sentido por el homenajeado y la propia exposición, aunque algo faltó para tener la trascendencia que otras muestras artísticas que ha tenido este recinto. Probablemente, el escándalo o la estrategia mediática hubieran provocado un mayor reconocimiento y un número mayor de asistentes. Revivir esas viejas batallas culturales que el propio Octavio Paz acometió. Pero hoy parece que no hay intelectuales ni artistas preocupados por hacerlo.

 

 

Regresemos a Kusama y el entusiasmo desbordado. Los medios de comunicación jugaron también un importante papel. Empezaron a parafrasear el título de obsesión y provocaron una aparente obsesión en los espectadores, pero mucho más por vivir la experiencia de formarse, hacer la tradicional “cola”, pasar la noche para entrar al museo, que conocer la obra de la artista japonesa. La institución, el INBA, reaccionó acertadamente al interés despertado y organizado acciones de servicio al público. Acceso de boletos por internet, un servicio poco habitual en los museos porque la demanda no lo justifica. La organización del Maratón Tamayo, que consistió en la apertura del museo durante 36 horas continúas. Acciones que atendieron y reforzaron las expectativas del público y provocaron el interés de los medios que documentaron este muy peculiar fin de semana en un museo de la ciudad de México.

 

 

En el balance, lo primordial y preferible es la presencia record de asistentes y no su ausencia que provoca la desvalorización de los museos y su patrimonio. No importa si empezamos por la obsesión por las selfies como una estrategia para atraer público y de ahí los involucramos en las actividades y las exposiciones del museo. Para convertirlos con estrategias y programas en asiduos aficionados a los museos, en amantes del arte.

 

 

  1. Los museos en la era del selfie. El país. 5 de octubre de 2014.

  2. Idem.

     

 


Es promotor cultural. Director y fundador de VITARS. Fomento Cultural desde 1994. Coordinador Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes (2000-2002), Asesor de la Secretaría Técnica del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (1999-2000).Colaborador artístico y coordinador de las compañías: U, X. Onodanza (1985-1989), El Cuerpo Mutable (1989-1990), Compañía Romero Domínguez (1991-1992), En dos partes y Gerente del Ballet Teatro del Espacio (1994-1995). Colaborador de la Sociedad Mexicana de Coreógrafos (SOMEC) y de la Unión Nacional de Sociedades Autorales.Jefe del Departamento de Actuación del Centro Universitario de Teatro, UNAM. Coordinador Académico del Centro de Formación Actoral, TV Azteca. Integrante del Comité de Danza del Centro Mexicano de Danza ITI UNESCO 2004-2005. Integrante del consejo directivo de Danza Mexicana A.C. (1988-1990).

Ha colaborado como asistente de dirección en un par de ocasiones con la Compañía Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes bajo la dirección de Raúl Quintanilla. 

 hecgaray@yahoo.com.mx
www.hectorgaray.wordpress.com