Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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23-09-2017 08:08:05

Del cultivo de la estupidez al de la responsabilidad

Manuel Lino

 

Desde la Guerra de Troya hasta la fecha, no creo que haya pleito que, si se observa con detenimiento, buena voluntad y raciocinio, no tenga su origen en una inmensa estupidez.

 

Más allá de que esta es una tesis que me encantaría demostrar, si supiera cómo y tuviera tiempo, con rigor académico, la quiero usar para contar uno de los pleitos más estúpidos que hemos padecido en este país y que, a su estupidez de origen, suma el poderoso agravante de contar entre sus pleitistas a personas muy inteligentes que buscan darle a su pelea razones supuestamente más profunda que las que pudieran tener el cornudo y furioso Menelao, el arrogante, advenedizo y timorato Paris y la bella Helena…(Justo es decir que en los últimos tiempos el pleito que narraré da visos de enfocarse a la concordia).

 

Me refiero al encono que existe desde hace tiempo entre los científicos y los empresarios mexicanos, un misterio sobre el cual me dio luz el astrofísico José Franco cuando me platicaba sobre lo que será la Agencia Especial Mexicana.

 

Contando una larga historia en la forma más injusta posible (resumida y sin detalles sabrosos y honrosas excepciones), podríamos decir lo siguiente.

 

Los empresarios se mantienen alejados de los científicos porque creen que éstos sólo están interesados en la investigación básica, que sólo buscan los fundamentos del Universo o la Vida y que no están interesados en hacer cosas útiles, vendibles y pedestres. Viven en su torre de marfil, dicen.

 

Por su parte, los científicos suponen que los empresarios mexicanos son una bola de incultos que sólo piensan en enriquecerse por el camino más fácil, es decir, comprando tecnología (de preferencia un poco obsoleta para que salga más barata) y sin arriesgarse a hacer sus propias puestas y desarrollos.

 

Sin duda, por aquello de que si el río suena es que agua lleva, puede haber algo de cierto en ambas opiniones.

 

Aquiles, ya que me puse homérico, hubiera dicho que si suena es porque Xanto, el dios del río, le pide que ya no mate guerreros y deje de enrojecer sus aguas.

 

Y las aguas en el México actual, como en el mundo helénico, están rojas. Este conflicto ha cobrado como víctima al país, manteniéndolo en un atraso lamentable, con una cultura empresarial timorata, poco creativa y ultimadamente pobre.

 

Aquiles, ante la protesta de Xanto y dándole razón a mi hipótesis de la estupidez como origen de los conflictos, la emprende a espadazos con el río. Pero me alegra decir que científicos, empresarios y políticos mexicanos no han seguido su irracional ejemplo.

 

Al momento de escribir este texto he escuchado varias propuestas, y de las más diversas fuentes, para acercar al sector que genera conocimientos con el productivo. Lo he oído del presidente de la Academia Mexicana de las Ciencias Arturo Menchaca, del Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard, del Secretario de Economía Bruno Ferrari, del nuevo director de Conacyt Enrique Villa.

 

Pero no lo he escuchado de parte de empresario alguno y, en ese sentido, el astrofísico José Franco, me señaló un punto muy relevante: no importa tanto si los científicos tienen ese pleito o no (y hasta dónde él y yo vemos, no hay quien quiera quedarse en su torre de marfil mientras el país se hunde), porque ellos no tienen injerencia algunas en las políticas públicas, no tienen acceso a los tomadores de decisiones, no tienen poder.

 

Mientras que los empresarios sí que lo tienen.

 Cambiar una forma de pensar, una cultura de mediocridad y falta de cooperación en este caso, puede ser mucho más difícil que desviar el curso de un río, pero no va a ser con espadazos y berrinches, ni va a ser empeñándonos en la estupidez y la mezquindad, como lo lograremos.Pasar de La Iliada al Hombre-araña puede no ser cool, pero igual parafraseo al tío Ben: el poder conlleva responsabilidades ineludibles.
 



Estudió las carreras de Biología, en la UNAM, y Música y Guitarra Clásica, en el CIEM, pero se ha dedicado al periodismo y la escritura. Como escritor ha obtenido los premios Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés y el Nacional Ciudad Ecatepec con el libro Números para contar. Actualmente se desempeña como editor de la sección Arte, ideas y gente del periódico El Economista, donde procura dar rienda suelta a sus intereses por el arte, la cultura y la ciencia.

mlino6@gmail.com