Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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21-11-2017 11:54:18

Seguridad social para creadores, batalla perdida, pero ¿y la guerra?

Es frecuente que se den conciertos, funciones de teatro y otras manifestaciones artísticas y culturales donde los participantes trabajan a beneficio de algún colega que padece alguna grave enfermedad o incluso, ya demasiado tarde, para pagar su entierro.

  

Es un hecho, los creadores, artistas, gestores culturales y muchos otros participantes de las ahora llamadas “empresas culturales” carecen, en general, de los beneficios de la seguridad social. Y al concluir el periodo de sesiones en la Cámara de Diputados, se rechazó la propuesta que hizo en 2011 la entonces senadora María Rojo para hacer un fideicomiso que permitiera ofrecer esos beneficios a la comunidad cultural (o al menos a algunos de sus integrantes porque el mecanismo no estaba muy claro).

 

 

La noticia es a la vez mala y buena. Mala porque los creadores siguen sin tener acceso a la seguridad social y ahora carecen de perspectiva alguna para obtenerla en el corto plazo. Pero es buena porque era aberrante la idea de que fuera a través de un fideicomiso que se otorgara esa seguridad social. Así que, una vez cancelada la posibilidad de que se apruebe dicho fideicomiso, se deja abierta la puerta de que surja una ley en la materia.

  

Una ley hecha y derecha, que formalice el trabajo  artístico y creador como tal, como trabajo. Y que ponga el piso parejo para todos. Porque si existe un piso disparejo en este país es donde se paran los artistas y creadores. Por ejemplo, los artistas plásticos tienen la posibilidad de pagar en especie, con obra, sus impuestos, gracias a que Siqueiros era muy convincente. ¿Que no podrían hacerlo igual los teatreros, bailarines y músicos y ofreciendo funciones gratuitas en foros públicos? Pues no, no pueden.

  

Algunos de los participantes del sector, como los actores y los músicos, tienen sindicatos, no muy incluyentes y que no abarcan todo el territorio nacional, pero que les garantizan seguridad social a cambio de su cuota mensual. Bien, pero ¿y los bailarines? ¿y los artesanos? ¿no los vamos a considerar artistas? Su arte es utilitario pero ¿deja por eso de ser arte? ¿en qué punto? ¿quién lo decide? ¿cómo? ¿Y los diseñadores?

  

¿Sabían ustedes que hasta el Festival Cervantino contrata representaciones artísticas como si fueran obras de infraestructura o servicios de limpieza? Y a propósito de eso, ¿qué hace tan distinto a un “creador” o “gestor” de otros profesionales que cobran con recibos de honorarios, pagan impuestos y tampoco tienen derecho a la seguridad social?

 

Una ley de cultura o la inclusión formal de la misma y de la comunidad que le da vida en las leyes ya existentes lleva muchos años siendo urgente. Ojalá que los mismos diputados que rechazaron el fideicomiso de Rojo se den cuenta de esta urgencia y lo reemplacen con algo bien hecho. Ya.

 



Estudió las carreras de Biología, en la UNAM, y Música y Guitarra Clásica, en el CIEM, pero se ha dedicado al periodismo y la escritura. Como escritor ha obtenido los premios Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés y el Nacional Ciudad Ecatepec con el libro Números para contar. Actualmente se desempeña como editor de la sección Arte, ideas y gente del periódico El Economista, donde procura dar rienda suelta a sus intereses por el arte, la cultura y la ciencia.

mlino6@gmail.com