Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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21-11-2017 11:59:16

El gasto en cultura en México. La ausencia de un análisis profundo

 

Antonio Mier Hughes

  

La nota dada a conocer recientemente por el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados sobre el Apoyo a la Cultura en México, pretende destacar que, si bien los recursos federales asignados a las actividades de promoción y atención de la cultura son escasos, su incremento es condición necesaria, pero no suficiente para elevar el impacto de estas actividades en la población, y más aún, en el desarrollo del país.

 

En efecto, la nota aludida explica en su primera parte que el presupuesto asignado a la cultura se ha elevado en más de tres veces en el período que va de 2000 a 2011, para ubicarse en 14.2 miles de millones de pesos en este último año. No obstante, los resultados alcanzados no guardan congruencia con este incremento, ya que en el mismo lapso se observan descensos importantes en algunos indicadores como por ejemplo, el número de lectores o el flujo de visitantes a los centros arqueológicos y museos.

  

Tales resultados se atribuyen, en buena medida, a la falta de atención a programas sustantivos y a la ausencia de una acción cultural coordinada con los gobiernos locales. Sin ignorar estos señalamientos, quiero llamar la atención sobre tres aspectos que, a mi parecer, le restan fuerza a los argumentos contenidos en este documento.

  

El primero se refiere al uso del presupuesto aprobado como el parámetro para medir el incremento de los recursos. Buena parte de los estudios provenientes de la Cámara de Diputados recurren a ese nivel previsto de gasto, ello tal vez por la importante participación del Legislativo en la revisión y aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación.

  

Inclusive, el artículo destaca que una parte del incremento de los recursos fue promovida por la misma Cámara de Diputados. Sin embargo, este nivel del gasto no deja de ser sólo un propósito. Para evaluar los resultados de cualquier política pública, es necesario conocer cuánto se erogó realmente al final del ejercicio y cuál fue el destino de ese gasto; para lo cual se utiliza el nivel de presupuesto ejercido, mismo que se da a conocer a través de la Cuenta Pública.

  

Un segundo aspecto tiene que ver con la falta de un análisis más profundo sobre el destino de los recursos por institución y a su interior por capítulo de gasto, que permita analizar el peso relativo del presupuesto ejercido en sueldos y salarios respecto al total y compararlo también con las erogaciones destinadas propiamente a promover actividades culturales y al apoyo a los trabajadores de la cultura en sus diferentes ámbitos.

  

Este análisis haría posible determinar en que medida el aparato burocrático se ha beneficiado con los mayores recursos asignados y le ha restado eficacia y eficiencia a su ejercicio.

  

El tercer punto a comentar, tiene que ver con el uso de los indicadores de lectores y de asistencia a museos y sitios arqueológicos para calificar como ineficaz la política cultural de la actual administración, ya que considero que no son representativos en su totalidad de la misma. Desafortunadamente, en el ámbito cultural no contamos con indicadores que permitan medir el impacto de la política pública en la materia, tal y como ocurre en otros casos, como por ejemplo, las tasas de mortalidad y morbilidad utilizadas en el sector salud.

  

Es por esto último que considero que el análisis del CEFP se queda corto, ya que no existe una relación directa entre la evolución de los indicadores señalados y el incremento del gasto en cultura. Simplemente, la baja asistencia a los recintos culturales y a las zonas arqueológicas se puede explicar por los efectos de la crisis económica reciente, que dada su profundidad, no ha permitido que se recuperen los flujos alcanzados en los años previos, a lo que se suma el hecho de que el turismo de internación al país ha perdido importancia.

 

 Ambas situaciones pueden explicar el comportamiento del indicador aludido de mejor manera que una deficiente política cultural. La búsqueda de mejores indicadores facilitaría tanto el diagnóstico como la aplicación y evaluación de la política cultural.
 

 

Es economista egresado de la UAM Xochimilco y del CIDE, con amplia experiencia en el análisis de los alcances físico y financiero de los programas presupuestarios. Su interés se orienta a investigar sobre la relevancia económica de las actividades culturales y la distribución de los ingresos generados, en la cual los artistas son los menos favorecidos.

amierhughes@yahoo.com.mx