Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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21-11-2017 11:58:44

El fondo arqueológico del INAH

Antonio Mier Hughes

Dentro del Informe del Resultado de la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública 2009 que presentó la Auditoría Superior de la Federación, llama la atención el proceso de auditoría efectuado al Instituto Nacional de Antropología e Historia, específicamente al Fideicomiso para el Fomento y la Conservación del Patrimonio Cultural, Antropológico, Arqueológico e Histórico de México.

 

 

Como veremos adelante, los resultados de dicho proceso ponen en evidencia que, ante la falta de voluntad por parte del Ejecutivo para emprender una reforma a fondo del sector público cultural, la Cámara de Diputados ha intentado unilateralmente aplicar parches millonarios sin dirección ni sentido, que en vez de dar solución a problemas estructurales provocan confusión, dispersión de esfuerzos e inmovilización temporal de recursos.

  

De acuerdo con lo señalado por el INAH, históricamente los recursos presupuestarios autorizados han sido insuficientes para cumplir adecuadamente con sus responsabilidades, incluyendo los nuevos hallazgos imprevistos que no son susceptibles de programar, y por consiguiente no son contemplados en el presupuesto anual.

  

Es por ello que el instituto enfrenta serias limitaciones para solventar la operación de la red de museos, zonas arqueológicas y monumentos históricos abiertos al público, así como la conservación del patrimonio arqueológico.

  

Con el propósito de atemperar esta problemática, en el Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2008, la Cámara de Diputados autorizó de manera etiquetada 300 millones de pesos para lo que denominó “Fondo Arqueológico (INAH)”, sin especificar nada más al respecto.

  

Sobre el particular, el INAH manifestó que, al igual que la SEP, no solicitó la constitución de ese fondo, lo que se comprobó en los anteproyectos proporcionados por ambas instituciones, sino que surgió por iniciativa de la propia Cámara de Diputados, de la cual se enteró hasta la publicación del Decreto de Presupuesto de Egresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2008, en el Diario Oficial de la Federación del 13 de diciembre de 2007, y consideró que tuvo el propósito de solventar parte de la problemática de falta de recursos presupuestarios que presentaba el instituto en materia de investigación, preservación, conservación, exploración, restauración, mantenimiento de zonas arqueológicas, adquisición de terrenos situados en zonas arqueológicas, así como para atender las prioridades y eventualidades en defensa del patrimonio cultural, considerando lo siguiente.

  

Es por ello que el INAH decidió utilizar los 300 millones de pesos para constituir un fideicomiso, como un mecanismo de apoyo de carácter multianual, a través del cual sería posible desarrollar proyectos extraordinarios, de gran magnitud y de mediano plazo, relacionados con sus atribuciones, además de atender gastos no previstos, derivados de nuevos hallazgos o eventos extraordinarios, que no se pueden atender con el presupuesto que anualmente le autoriza la Cámara de Diputados, ya que éste es “limitado e insuficiente”.

  

Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones, el destino de esos recursos no ha sido el adecuado. En primer lugar, tuvo que pasar casi un año para que se constituyera el fideicomiso, lapso durante el cual la cantidad asignada tuvo una merma de casi 100 millones de pesos, para dar respuesta a las políticas de austeridad del Gobierno Federal. Por otra parte, el Comité Técnico responsable de supervisar las actividades del fideicomiso incluyó a un representante de la Secretaría de Turismo ¿Será que todos los proyectos arqueológicos y de investigación en la materia tienen potencial turístico? Y eso ocurrió sólo durante el primer año.

 

 

Para 2009 el INAH destinó parte de sus recursos para fortalecer el fideicomiso. Asimismo, promovió diversos proyectos con cargo a éste, entre los que figura la reparación del camino que recorre la periferia de la zona arqueológica de Teotihuacán y de sistemas de tratamiento de aguas residuales en zonas arqueológicas. En estos casos, las observaciones de la ASF giran en torno a que dichos proyectos no se pueden clasificar como arqueológicos, sino corresponden a infraestructura turística y de medio ambiente, desviándose de los fines y propósitos del multicitado instrumento.

  

El apretado resumen que les presento, pone en evidencia que cuando los recursos se entregan sin que exista una solicitud de por medio o sin sujetarse a restricciones o reglas de operación, pueden ocurrir infinidad de situaciones que no se ajustan a los fines que originalmente se plantearon, por lo que es necesario que cuando se tomen ese tipo de decisiones por parte del Poder Legislativo, se emitan al mismo tiempo los objetivos y los candados que aseguren el adecuado destino del gasto.

 

 

En la próxima entrega, ampliaré los comentarios sobre algunos puntos específicos.
 

 

Es economista egresado de la UAM Xochimilco y del CIDE, con amplia experiencia en el análisis de los alcances físico y financiero de los programas presupuestarios. Su interés se orienta a investigar sobre la relevancia económica de las actividades culturales y la distribución de los ingresos generados, en la cual los artistas son los menos favorecidos.

amierhughes@yahoo.com.mx