Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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21-11-2017 11:58:26

Seguro social para trabajadores culturales

Antonio Mier Hughes

 

 

La aprobación por parte del Senado de la República a finales del año pasado del proyecto de la Ley que crea el Fondo de Apoyo para el Acceso de Artistas, Creadores y Gestores Culturales a la Seguridad Social, promovido por la Senadora María Rojo, me recuerda al naufragio del Titanic, ocurrido hace un siglo. En efecto, con todos los parabienes el proyecto zarpó del Senado rumbo a la Cámara de Diputados y si bien no se sabe si naufragó, al parecer se encuentra en un lugar muy frío y profundo.

 

Una de las grandes ventajas de esta iniciativa consiste en que persigue un objetivo simple y llano: facilitar el acceso a los servicios de salud y seguridad social que proporciona el IMSS a los trabajadores de la cultura y de las artes que no perciben salarios fijos o que transitan en la frontera de los mercados laborales formal e informal y que no cuentan con estas prestaciones. Para ello se propone constituir un fideicomiso que se hará cargo de cubrir una parte de la cuota del seguro que ampara a trabajadores no asalariados para su incorporación voluntaria al régimen obligatorio del Seguro Social, es decir, que el fideicomiso asumiría, en parte, el papel monetario que corresponde cubrir a la parte patronal.

 

 

Afortunadamente, la iniciativa no buscó promover la conformación de un fondo de pensiones o de una red médica alterna. En este sentido, es preferible recurrir a la experiencia e infraestructura de una institución especializada como el IMSS, que pese a sus deficiencias, cuenta con la capacidad para garantizar la prestación de estos servicios a los trabajadores de la cultura.

 

 

En términos generales, este proyecto de Ley busca, de manera corresponsable, cubrir un hueco en el ámbito laboral y de la seguridad social que deja en la total desatención a un sector de la población. Sin embargo, consideramos que todavía faltan algunos puntos que deben atenderse. El documento publicado por la Cámara de Senadores no contiene una cuantificación o estimación de la población beneficiaria ni del monto con el que se pretende constituir el fideicomiso. Así que, ¿de cuánto dinero estamos hablando? ¿Cuántas personas serán beneficiadas? Son preguntas a las cuales no les he encontrado respuesta. Creo que si el proyecto no contiene este respaldo, es probable que sea detenido y que sólo quede como una propuesta más.

 

 

Las fuentes de financiamiento del instrumento se limitan a los niveles de gobierno federal y estatal. Ello implicaría beneficiar de manera indirecta a aquellos empresarios que contratan de manera eventual a trabajadores de la cultura y no les proporcionan ninguna prestación adicional. Estamos considerando a centros nocturnos, teatros, centros de entretenimiento en general, que se limitan a pagar los honorarios de los trabajadores. En este punto sería interesante proveer de capacidad al fideicomiso para concertar convenios con las cámaras de empresarios de estas ramas económicas para que también aporten recursos, ya sea en cuota fija o por evento, y de esta manera contribuyan al cumplimiento del objeto del fideicomiso.

 

 

El servicio que prestará el mecanismo se acota a los trabajadores de la cultura, pero muchos de ellos no están solos, también tienen dependientes económicos, por lo que queda otro hueco que es importante cubrir: padres, cónyuges y descendientes que son parte también del grupo de la población que depende de las actividades culturales.

 

 

Uno de los puntos más interesantes y atractivos de esta iniciativa lo constituye, sin duda, la elaboración Registro Nacional de Artistas, Creadores y Gestores Culturales. En este caso conviene preguntarse ¿por qué esperar a que se publique una ley que obligue a su elaboración? ¿Por qué no empezar ya? Claro que en el ocaso de la actual administración la respuesta es obvia, ya no se cuenta ni con los recursos disponibles ni con el proyecto elaborado, pero es una tarea que tanto Conaculta como INEGI deben de considerar en sus programas del próximo sexenio, para atender, además de las necesidades del fideicomiso proyectado, varias vertientes de información que constituyan la base para delimitar y cuantificar el acervo humano en el ámbito artístico y cultural del país. Esperemos que el barco perdido resurja de los fríos fondos donde se encuentra y que arribe pronto a buen puerto.

 

 

Es economista egresado de la UAM Xochimilco y del CIDE, con amplia experiencia en el análisis de los alcances físico y financiero de los programas presupuestarios. Su interés se orienta a investigar sobre la relevancia económica de las actividades culturales y la distribución de los ingresos generados, en la cual los artistas son los menos favorecidos.

amierhughes@yahoo.com.mx