Programa de Economía Cultural - UAM Xochimilco

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23-09-2017 08:17:56

¡Está padre tu información! Pero ¿puedes ponerla en porcentajes para que parezca un indicador?


La revisión de los indicadores de mediano plazo en materia cultural, que son publicados en el Anexo Estadístico del Informe de Gobierno para dar seguimiento al Programa Especial para la Cultura y las Artes 2013-2018, simplemente me dejan sin habla. Esto es, no tengo nada que decir porque no encuentro información de la que se pueda deducir avance o impacto de las políticas públicas en este ámbito.

 

En el caso de la lectura, por ejemplo, el hecho de informar que cuarenta y tantos por ciento del personal de las bibliotecas públicas está capacitado bajo ciertos estándares para mejorar el servicio, no es algo que merezca un análisis que vaya más allá de un párrafo.

 

En contraste, durante la presentación del libro “Sector Cultural. Claves de Acceso” de mi viejo amigo Eduardo Cruz Vázquez, uno de los comentaristas, Federico González Compeán, afirmó que a diferencia de hace algunos años en los que varias de las salas teatrales se encontraban disponibles porque no había producción teatral, en la actualidad es “muy difícil rentar un teatro” porque no hay casi nada disponible. Este fenómeno lo atribuye a los buenos resultados arrojados por la aplicación del instrumento denominado estímulo fiscal a proyectos de inversión en la producción teatral nacional, el Efiteatro, que otorga el Gobierno Federal.

 

De igual forma señaló que gracias al instrumento similar para la industria cinematográfica, EFICINE, la producción en México pasó de seis a más de 100 películas por año.

 

Sin entrar en los detalles sobre si se cumple con ciertos criterios para considerarse como un logro de las políticas culturales o bien es mero entretenimiento, lo que me interesa destacar es que Federico nos está dando la pista de un indicador que debería de calcularse con cierto rigor metodológico y de manera general.

 

Me refiero al porcentaje de utilización de la capacidad instalada en la industria teatral; es decir, cuantos teatros se encuentran en operación respecto del total, los cuales, de acuerdo con lo señalado por el empresario, deben de estar por arriba de 90 por ciento.

 

A lo anterior, el también egresado de la UAM X agregó que el número de boletos de las salas de teatro vendidos por semana en la Ciudad de México supera los 10 mil, y que ello genera ingresos por 14 millones de pesos en ese mismo lapso. Lo anterior viene a colación porque de acuerdo con el Presupuesto de Gastos Fiscales que presentó la SHCP en meses pasados, el sacrificio fiscal que significa la aplicación del EFITEATRO se estima que ascenderá a 60 millones de pesos en 2016 y otros 60 millones en 2017.

 

En este caso, la cantidad de recursos canalizada es mínima, pero con ello se ha logrado impactar de manera favorable en la inversión y la actividad teatral, con sus efectos positivos en la generación de empleos y en las industrias que los proveen de insumos.

 

Si bien sabemos que los resultados señalados no pueden ser atribuidos a un sólo instrumento, lo cierto es que de todas maneras no se cuenta con información en bruto que nos permita analizar el alcance de las medidas aplicadas. De igual forma no se cuenta con un seguimiento por unidad económica que permita evaluar su operación, tanto en lo que se refiere a la gestión financiera, como en la generación de públicos y su impacto en la cultura local.

 

El mismo indicador de porcentaje de uso de la capacidad instalada puede aplicarse a nivel de unidad económica (sala de teatro) para saber el tiempo de uso diario de las instalaciones y sobre esta base proponer acciones que coadyuven a optimizar su aprovechamiento. El análisis de las fuentes de ingreso tales como boletos, renta, subsidios, patrocinios y espacios publicitarios, podría arrojar luz sobre la sostenibilidad de las salas, y las encuestas sobre el lugar de procedencia de los asistentes permitirían identificar el alcance geográfico de las instalaciones.

 

Estos son los temas que deberían de analizarse al momento de elaborar el presupuesto y los consiguientes indicadores de resultados para las actividades culturales, en un teatro, en un estado, en el INBA y en la SECULTA, en vez de preocuparse por actualizar cada año el número posible de asistentes a un evento cultural, para que luego llegue el asesor en materia de indicadores y salga con la frase “¡Está bien padre tu información! Pero ¿puedes ponerla en porcentajes para que parezca un indicador?”.

 

Malos recuerdos de procesos pasados.

 

 

Para mis antiguos compañeros de la desaparecida Dirección General Adjunta de Análisis y Desarrollo de la Cuenta Pública, de la SHCP.

 

 

Es economista egresado de la UAM Xochimilco y del CIDE, con amplia experiencia en el análisis de los alcances físico y financiero de los programas presupuestarios. Su interés se orienta a investigar sobre la relevancia económica de las actividades culturales y la distribución de los ingresos generados, en la cual los artistas son los menos favorecidos.

amierhughes@yahoo.com.mx